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07 de mayo del 2021

Política

Elecciones en EE.UU.: Kamala Harris, ¿vicepresidente o presidente?

Proporcionado por Clarín Democratic presidential candidate former Vice President Joe Biden and his running mate Sen. Kamala Harris, D-Calif., arrive to speak at a news conference at Alexis Dupont High School in Wilmington, Del., Wednesday, Aug. 12, 2020. (AP Photo/Carolyn Kaster) Nota del editor: Las opiniones en este articulo son del autor, según lo publicado por […]




Proporcionado por Clarín Democratic presidential candidate former Vice President Joe Biden and his running mate Sen. Kamala Harris, D-Calif., arrive to speak at a news conference at Alexis Dupont High School in Wilmington, Del., Wednesday, Aug. 12, 2020. (AP Photo/Carolyn Kaster) Nota del editor: Las opiniones en este articulo son del autor, según lo publicado por nuestro proveedor de contenido, y no representa necesariamente los puntos de vista de MSN o de Microsoft. Joe Biden, ahora con fórmula completa, se ha encaramado como una alternativa electoral sólida para gobernar Estados Unidos. En ese sendero logró un puntal que irrita particularmente al presidente Donald Trump y con razón: el demócrata conquistó, además, la bendición de los mercados, un vértice del poder que el mandatario norteamericano siempre amontonó como tropa propia. Ese apoyo se advierte en el ímpetu bursátil frente a la candidatura del ex vicepresidente de Barack Obama y en el torrente de fondos, más copioso que en el bunker republicano, que viaja a las arcas demócratas desde ese espacio que en general y para simplificar llamamos el establishment. Si se quiere saber por qué Biden está donde está, en esa nueva realidad radica un buen número de explicaciones. Una investigación reciente de tres periodistas de The New York Times constató que un creciente número de hombres de negocios fue dejando a un lado su preocupación por la edad avanzada de Biden e incluso sobre el perfil del candidato que no acaba por seducirlos. Le entregan dinero pero no se fotografían con el demócrata. “No tienen su corazón pero si su billetera”, analiza zumbón el diario neoyorquino. La edad del candidato, sin embargo, sigue siendo relevante y es ahí donde importa especialmente la elección que ha hecho de su compañera de fórmula. Biden cumplirá 78 años en noviembre, días después de las elecciones. Es claro que nadie espera que busque la reelección cuando finalice su mandato y corone sus 82 años de edad. Pero la cuestión importa también sobre su administración. El demócrata será desde ese ángulo uno de los presidentes más escrutados durante su gestión por los factores de poder. En ese juego, que requiere un alto grado de previsibilidad, entra la senadora Kamala Harris que acaba de nominar Biden como su compañera de fórmula. Los analistas se han concentrado en un puñado de aspectos de esta senadora, una mujer joven, activa, que desacartona al muy sobrio Biden, y a la vez negra, con capacidad para representar las expectativas de esa minoría. En especial, en momentos que el país se retuerce aún por la furia contra el renovado racismo que el actual mandamás de la Casa Blanca ha incentivado y que se agudiza en las calles como protesta por el cataclismo económico que sufre el país por la pandemia. Fue la comunidad negra, recordemos, la que sacó del pozo a Biden cuando parecía que su campaña electoral sucumbía inexorablemente. En febrero pasado, el candidato venía de una serie de derrotas en las tres primeras primarias. Esa tendencia se revirtió para siempre en Carolina del Sur por la gestión de dos hombres: Obama en la trastienda, y de modo más directo el diputado James Clyburn, un político negro, líder demócrata en ese estado, tercero en la jerarquía de la Cámara y el “whip” de la mayoría, el cargo que disciplina la verticalidad de los legisladores. Esa acción generó una participación multitudinaria, inesperada, de la comunidad negra que con una victoria neta lo reencarriló en la campaña con el resultado ahora conocido. Joe Biden y Kamala Harris, en la primera presentación juntos AP © clarin.com Joe Biden y Kamala Harris, en la primera presentación juntos AP Biden no está devolviendo ese favor con Harris. Hacia adelante, persuadido de que está a un paso de la Casa Blanca, eligió a una política que tranquilice a los mercados y consolide esos apoyos a la hora de gobernar. Apela en eso a sus antecedentes. En 2004, la candidata vicepresidencial, ganó la fiscalía de San Francisco como la postulante de la “ley y el orden”, fórmula que hoy agita Trump para sí. Con el apoyo de los sindicatos policiales y el establishment local derrotó al funcionario saliente, Terence Hallinan, que militaba con un perfil de centroizquierda y aupado por organizaciones obreras. A lo largo de su frustrada campaña presidencial, que abandonó en diciembre pasado, Harris exhibió matices que regresarán seguramente al primer plano en camino a las elecciones de noviembre. Siempre en una difícil línea intermedia entre el ala progresista y la moderada, propuso reorganizar el servicio de inmigración que ha sido uno de los garrotes preferidos de Trump, pero no abolirlo como han planteado los sectores más progresistas del partido, particularmente los jóvenes. Se mostró de acuerdo en poner un límite a la posesión de armas, pero solo prohibir las que puedan importarse, nada dijo de la que actualmente están en manos de los norteamericanos. Concedió si su voto en contra de la demanda conservadora que limitaría los abortos a los primeras semanas de embarazo, pero no aceptó las líneas duras para la reforma policial, las drogas o las condenas injustas. Y finalmente sobre la salud, el enorme abismo que atrapa a los estadounidenses con menores ingresos o desocupados, resistió la presión para la universalización que exigían los partidarios del senador Bernie Sanders. Parte de esos aspectos espinosos serán la colina que deberá trepar la legisladora para convencer a los sectores más críticos que adviertan que ser negra o mujer no es etiqueta de progresismo. Como recordó la BBC “Kamala es la policía”, se convirtió en una frase habitual en las primarias demócratas, frustrando sus intentos de ganarse a la base más liberal del partido, liberal en el sentido que se le da a ese término en el norte. Con ese trasfondo, el mote de “ultraizquierda” que Trump le endilga a la senadora, suena a una bufonada por decir lo menos y evitar un término menos urbano. Hay sin embargo un detalle significativo sobre Harris y su recorrido político que ilumina la elección que hizo Biden. En las legislativas de noviembre de 2018, los demócratas ganaron el control de la Cámara de Representantes con un aluvión de votos del centro político. La caída del socialdemócrata Sanders en la carrera por la nominación, y la de su aliada, Elizabeth Warren, indicarían que la tragedia económica que sufre EE.UU. no varió esas preferencias de los electores, más bien las habría enfatizado. A ese sector se dirige la campaña Demócrata con los tonos de salvación de la hora. El programa anunciado por el candidato es un esfuerzo de puro realismo mediado por la crisis, que incluye un aumento de impuestos, dato aún más interesante si se advierte que no le ha restado el apoyo de los hombres de negocios. Barack Obama y Joe Biden, épocas de la presidencia demócrata. AP © clarin.com Barack Obama y Joe Biden, épocas de la presidencia demócrata. AP Trump tiene ahí otra de las razones para enfurecer frente al saldo de las encuestas y la “traición” de los mercados. Les ha dado todo. Bajó los impuestos, redujo las regulaciones. La casi totalidad de los casi 7 billones de dólares que se han dispuesto como rescate por la crisis, fueron hacia las corporaciones y solo 600 millones de dólares a atender las necesidades de los menos afortunados. Dato poco citado que explica con elocuencia los motivos del crecimiento de la Bolsa a los niveles previos al estallido de la pandemia. Sucede que el empresariado y las cúpulas financieras exhiben un agotamiento visible ante el estilo caótico de gobernanza de Trump que con la epidemia llegó a niveles de grave irresponsabilidad. También, en esa frustración, se anotan los daños que las formas de la guerra que estableció contra China, ha generado en las propias empresas norteamericanas. Biden ofrece desde el mismo ángulo político, una actitud de mayor sensatez, previsibilidad y método. Para estos sectores centrales de la economía, urge una estrategia más coherente con el rival chino y la restauración del atlantismo con los aliados europeos, que reavive la tasa de acumulación en un mundo indefectiblemente integrado a niveles que ya no admiten reversa salvo en aspectos muy específicos. El apoyo, medido particularmente en las contribuciones monetarias, es lo que le ha permitido a Biden encabezar las encuestas con un diferencial promedio ahora de 10 puntos. En EE.UU., vale aclarar, lo que digan los sondeos nacionales tiene límites. Debido a su sistema de Colegio Electoral lo que importa no son los votos que se ganen, sino dónde se ganan esos votos. Es por eso que Trump se impuso en 2016 pese a perder por casi res millones de votos frente a Hillary Clinton. Y es por eso que es prudente no dar nada por anticipado. Apoyo en porcentaje a Joe Biden y Donald Trump, según el promedio de sondeos nacionales de Real Clear Politics - AFP / AFP © clarin.com Apoyo en porcentaje a Joe Biden y Donald Trump, según el promedio de sondeos nacionales de Real Clear Politics - AFP / AFP La mayoría de los estados votan por tradición a su partido. Pero hay distritos que no siguen ese comportamiento y es donde se realiza la pelea de fondo. Ahí sí conviene observar las encuestas. En 2016 Trump ganó por una mínima diferencia en Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, donde cosechó los casi 80 mil votos que le dieron la mayoría en el Colegio. Pero ahora Biden aparece con una diferencia amplia en esas comarcas y va cabeza a cabeza en Iowa, Ohio y Texas, donde el magnate ganó hace cuatro años por una diferencia de 10%. Otro dato ilustrativo en el mapa electoral se advierte en que en 2016 la diferencia entre Trump y Clinton era mínima y las encuestas indicaban un panorama poco claro. Hoy la casi totalidad de los sondeos, incluyendo los de Fox News, cadena cercana al ánimo del presidente, señalan que Biden le deja a su rival una posibilidad entre diez de ser reelecto. La llegada de Harris muy improbablemente conspire contra esos pronósticos. © Copyright Clarín 2020

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