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23 de abril del 2021

Opinión

Ella

Pablo McKinney. pablomckinney@gmail.com  Superados ya los 100 días de go­bierno, es la hora de advertir a los gubernamentales amigos. Y para hacerlo, nada mejor que ha­blar de ELLA que ha sido siempre la gran tentación de todas las administra­ciones que hemos tenido. Más de un antiguo funcionario me ha contado que ELLA tienta con sus […]




Pablo McKinney.
pablomckinney@gmail.com
 Superados ya los 100 días de go­bierno, es la hora de advertir a los gubernamentales amigos. Y para hacerlo, nada mejor que ha­blar de ELLA que ha sido siempre la gran tentación de todas las administra­ciones que hemos tenido. Más de un antiguo funcionario me ha contado que ELLA tienta con sus ojos bru­jos para que nos rindamos a los horizonta­les beneficios de su cuerpo, o sea, al cielo del dinero, al cínico reconocimiento en las páginas sociales, al falso tratamiento VIP en todo puticlub de alta o baja categoría, en los de buena o los de mala muerte que, co­mo se sabe gracias al maestro, siempre han sido los mejores para homenajear la vida. Superados los 100 días, ya dije, ningún consejo mejor para nuestros escasos y vera­ces gubernamentales amigos, que advertir­les de la existencia de ELLA, que es la ma­yor incitación al desvarío, a la traición a los principios que sustentan lo que somos, ¡ay!, que uno, como Umbral, empieza de incen­diario en el liceo del pueblo, y termina de bombero en estos diarios, emisoras, cana­les de televisión. Menos mal que en las entrañas de los dos monstruos imperiales de entonces, USA-URSS, aprendió uno, que no se trata­ba de hacer una revolución para alcanzar la democracia, sino de lograr la democracia, para desde su libertad hacer la única revo­lución posible: la revolución del ejemplo. En una patria sin controles sociales y con la impunidad como estandarte, cada cua­tro años surge Ella, la más cautivadora en una sociedad que sólo te reconoce si antes le demuestras que, tentado por su cumbres, la hiciste tuya alguna vez. Pero ¡Cuidado!, no me malinterpreten, que no estoy hablando de “hacerla tuya”, frente a la luna del sur, en esa mesa de ne­gro, ni en ese diván tan blanco, sino de “ha­cerla tuya” con mafias de contubernios, prevaricación, sobreprecio y descaro, cosas que nada tienen que ver con el santo forni­cio, es decir, con el amor y sus horizontales consecuencias. En fin, y concluyendo, digo aquí que de la gran tentación que es la CORRUPCIÓN tendrán que cuidarse los funcionarios de esta administración. Y ojalá y lo quiera Dios, el del presidente Luis Abinader sea un buen gobierno. Y si va a ser malo, que sea entonces un mal gobier­no de hombres honestos. PD: Tócala otra vez, José Alfredo, tócala otra vez: “Ella quiso quedarse cuando vio mi tristeza....”

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