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15 de abril del 2021

Opinión

En el mes de la Patria

Ricky Noboa. Desde el exterior, quiero compartir con mis lectores una serie de pensamientos contenidos en la obra “Lo que el Tiempo se Llevó, Ética, Moral y Civismo”, del Prof. Julio Rossó.  Entiendo que el legado de los fundadores de la Patria fue el ejemplo de una vida construida en el civismo, forjador de los […]




Ricky Noboa.
Desde el exterior, quiero compartir con mis lectores una serie de pensamientos contenidos en la obra “Lo que el Tiempo se Llevó, Ética, Moral y Civismo”, del Prof. Julio Rossó.  Entiendo que el legado de los fundadores de la Patria fue el ejemplo de una vida construida en el civismo, forjador de los valores más sublimes del ser humano, en su deber de practicarlos para formar una mejor nación. Con la pérdida de nuestro Código Ético y Moral, aparece la corrupción pública y privada, la delincuencia en todos sus niveles, la violencia intrafamiliar, la drogadicción, el enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencia, las violaciones, los atracos, el endeudamiento interno y externo, y las constantes violaciones a la Constitución y la leyes de la República.  Retomemos la escuela porque solo así podremos enfrentar todos estos males.  El irrespeto aparece en toda la geografía nacional y con él, las indelicadezas entre los ciudadanos de este suelo son deprimentes, desconsoladoras y preocupantes. Irrespeto de padres e hijos y viceversa, de alumnos a maestros y de estos hacia aquellos; de niños, niñas y adolescentes hacia la adultez, viejos y ancianos, así como de los últimos a los primeros. Irrespetos hacia nuestros símbolos patrios y a nuestros Próceres, a nuestros estamentos jurídicos y políticos, a nuestras instituciones públicas; en fin, se observa a todo lo largo y ancho de nuestro país, de nuestra sociedad, un panorama triste y desolador y nada más se habla, pero muy poco se hace, para salirnos de ese espinoso camino por el que estamos transitando hace más o menos 50 largos años. Asumir el sendero de la decencia, del respeto mutuo, de la moral, es un compromiso de todos y de todas, pero especialmente de la clase política que es quien debe enviar las señales desde todo el aparato estatal. Conjuntamente, tenemos que retomar las riendas de un catecismo moral que no nos los imponga una dictadura, sino que sea el fruto del sincero deseo y el ineludible compromiso de construir una Patria como lo soñaran Duarte, Sánchez, Mella, Luperón y toda esa pléyade de ilustres hombres, que ofrendaron sus vidas y sus bienes para fundar una sociedad donde todos nos sintamos orgullosos de ella. “Sed justos, lo primero, si queréis ser felices”, afirmó el ilustre forjador de nuestra independencia, Juan Pablo Duarte y Diez.

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