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07 de mayo del 2021

Opinión

En tiempos anormales, medidas especiales

Desde años venimos escuchando expresiones de que a cada situación hay que aplicarle medidas proporcionales a las mismas. Que no se puede vivir de espaldas a las realidades. Que en tiempo de vacas flacas hay que ajustarse a esas determinaciones. Guardar para mayo. Pero la realidad es que no todo el mundo es capaz de […]




Desde años venimos escuchando expresiones de que a cada situación hay que aplicarle medidas proporcionales a las mismas. Que no se puede vivir de espaldas a las realidades. Que en tiempo de vacas flacas hay que ajustarse a esas determinaciones. Guardar para mayo. Pero la realidad es que no todo el mundo es capaz de ajustarse a circunstancias adversas. La situación que vive el mundo con la pandemia del COVID ha obligado o ha debido obligar a la adopción de medidas especiales. Muchos gobiernos y sociedades han hecho esfuerzos en ese sentido. Pero lamentablemente hay bastante resistencia de sectores con poder y también populares. En enero del año pasado, o sea, del 2020, cuando todavía había dudas sobre si el COVID en realidad era una pandemia aterradora para la humanidad, en un encuentro con los padres Salesianos, celebrando el Día de Don Bosco, el padre Luis Rosario se refirió a algunas cosas que yo había escrito en esos días y enviado a muchos sacerdotes, hablando de la responsabilidad ciudadana frente a situaciones especiales. En esos momentos llamamos la atención de las iglesias para que los feligreses no se tomaran de las manos a la hora de rezar el Padre Nuestro. También pedimos que los saludos de la paz no se hiciesen dándose abrazos. Que las misas fuesen más cortas, partiendo del principio de que a menos tiempo juntos, menos posibilidad de contagio. Pocos días después el Santo Padre no solo habló de eso, sino que ofreció una dispensa, sobre todo a los mayores con relación a las misas. En casi todos los países del mundo se han adoptado medidas frente a la pandemia. Pero en muchos de ellos sin la rigurosidad que la situación demandaba. Porque como hay una resistencia natural a las restricciones, cada Gobierno trata de acomodar las cosas a las realidades de cada país. Sin embargo, está claro que si desde el principio se hubiese creado la suficiente conciencia del peligro y adoptado medidas más estrictas, se hubiesen salvado muchas vidas. Pero no. Porque muchos se resisten a entender que en tiempos anormales no se pueden adoptar medidas normales. Ni actuar como si no sucediera nada especial. Hay sectores que quieren vivir en la normalidad dentro de una coyuntura que aunque se quiera minimizar es trágica. Particularmente sectores con poder o con grandes pretensiones. Capaces de confundir el bienestar personal o grupal con el colectivo. Sectores que, como decía el padre Vicente Rubio: “no saben distinguir entre tiempos de festejos y tiempos de restricciones. Porque se anidan en sus interioridades resistencias o soberbias a adoptar medidas que los igualen a los demás. Porque necesitan sentirse diferentes” En esa situación se encuentran los países y los gobiernos. Cada uno con sus variables propias. En el nuestro, al igual que el resto del mundo, existe una situación especial. A la que el Presidente y el Gobierno no deben temerle, sino actuar conforme a lo que vivimos. Con medidas especiales, si se quiere extremas. Preservando vidas y bienestar. Porque en tiempos especiales, se precisan medidas especiales.

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