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18 de abril del 2021

Política

Encrucijada

Al escribir este artículo, el gobierno de Estados Unidos de América cumple un mes, es decir, treinta días, del cierre parcial del gobierno federal, el período más largo de toda la historia de esa nación. Para un dominicano, o algún estudioso de sistemas constitucionales, lo que ocurre en el gobierno norteamericano es inexplicable. Resulta que, […]




Al escribir este artículo, el gobierno de Estados Unidos de América cumple un mes, es decir, treinta días, del cierre parcial del gobierno federal, el período más largo de toda la historia de esa nación. Para un dominicano, o algún estudioso de sistemas constitucionales, lo que ocurre en el gobierno norteamericano es inexplicable. Resulta que, en países como el nuestro, cuando el Congreso no aprueba el presupuesto general de la Nación, simplemente se considera que la ley del año anterior sigue vigente. Es decir, cuando el presupuesto se prorroga de un año a otro, el nivel de gasto se mantiene igual; y lógicamente, lo que sucede es que el Ejecutivo no puede establecer nuevas prioridades. En Estados Unidos, las cosas no funcionan así. Me concentraré en el nivel federal. Hace muchos años, el Congreso de Estados Unidos dejó de aprobar presupuestos anuales, debido a que el procedimiento para elaborarlo era demasiado complicado para ello. En vez de hacer lo que hacen otras democracias que es tener cuentas anuales prorrogables, el gobierno de Estados Unidos paga sus facturas mediante las “appropriations” (que se traduce en “apropiaciones”), que son leyes destinadas a financiar uno o mas departamentos y agencias federales por un período de tiempo determinado. El sistema es entre caótico y arbitrario. El Congreso no siempre financia los mismos departamentos en cada ley, y la duración de cada una de ellas no es necesariamente la misma. Los legisladores han tomado por costumbre, por ejemplo, financiar el departamento de defensa o de veteranos con una “apropiación” específica.Otros temas como pensiones y salud pública, se consideran “gasto obligatorio” y no necesitan “apropiaciones”. Cuando el Congreso está cerca de llegar a un acuerdo, pero no acaba de cuadrar cuentas, los legisladores recurren a una resolución continua que prorroga el nivel de gasto actual durante unos meses. Como ahora, cuando el Ejecutivo y el Congreso no se ponen de acuerdo, el gobierno deja de tener fondos para seguir operando. El gobierno federal cierra sus puertas. Solo los empleados que se consideran esenciales siguen teniendo trabajo, pero lo hacen sin cobrar. Un conflicto legal ahora se convierte en político. El presidente Trump quiere que en el presupuesto se consigne la construcción del muro en la frontera mexicana. Los demócratas se oponen. Si no se llega a acuerdo, Trump podría declarar emergencia nacional en la frontera, y sacar el presupuesto. Pero pudiera ser llevado a los tribunales. Es el mundo de lo absurdo. Veremos.

Por:

Orlando Jorge Mera .

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