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08 de mayo del 2021

Opinión

Enigmas de Gaudí

Forma geológica de una de las cuevas de la Desenrocada, muy similar a la tribuna principal de la Casa Batlló. Nosotros poseemos la imagen. La fantasía viene de los antasmas. La fantasía es de la gente del Norte. Nosotros somos concretos. La imagen es del Mediterráneo. Orestes sabe adónde va, mientras que Hamlet divaga perdido […]




Forma geológica de una de las cuevas de la Desenrocada, muy similar a la tribuna principal de la Casa Batlló.
Nosotros poseemos la imagen. La fantasía viene de los antasmas. La fantasía es de la gente del Norte. Nosotros somos concretos. La imagen es del Mediterráneo. Orestes sabe adónde va, mientras que Hamlet divaga perdido entre dudas.  ANTONI GAUDÍ Muy pocas veces Antoni Gaudí ejecutaba planos detallados de sus obras. Las intuía y luego hacía tangible la inspiración en maquetas tridimensionales; un recurso donde el arquitecto de Reus solucionaba hasta el último detalle. Sus creaciones están iluminadas por las formas antojadizas de la naturaleza. Un profundo conocimiento de la geometría le abrió las puertas para traducir esos ensueños orgánicos en expresiones exactas de gran potencia estructural: paraboloides hiperbólicos, hiperboloides, helicoides, conoides, curvas catenarias… Con el dominio de estos elementos, Gaudí pasó de la geometría plana a la visión espacial: a las formas geométricas regladas en que una recta (la generatriz) se desplaza sobre una o varias líneas (las directrices). Y eran éstas las siluetas y los signos que abundaban en la naturaleza: en los troncos, en los tallos, en las rocas, en cada osamenta soterrada. La arquitectura, la naturaleza, la religión y el amor a Cataluña fueron las pasiones de Antoni Gaudí i Cornet. Al recibirse como arquitecto en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, uno de sus mentores señaló: “Hemos dado el título a un loco o a un genio; el tiempo lo dirá”. La obra de Gaudí, en lo esencial, transitó del modernismo a una visión reformadora del gótico. Del atisbo modernista quedará el lenguaje anticlásico, lírico y subjetivo, heredero del romanticismo. Todo esto en un quehacer vinculado a los oficios artísticos y a las artesanías, con un carácter profusamente ornamental, pleno de contrastes y de una enfática creencia en el progreso, como reflejo de la prosperidad que en aquel momento disfrutaba la clase burguesa. Aunque se considera a Gaudí el gran maestro del modernismo catalán, su obra va más allá de cualquier tentativa de clasificación. El crítico de arte Joan Bassegoda dijo al respecto: “La arquitectura de Gaudí no cabe dentro del modernismo, mientras que todo el modernismo cabe perfectamente dentro de la obra de Gaudí”. El dominio profundo de la geometría espacial condujo a Gaudí a realizar su mayor ambición arquitectónica: modificar y superar las limitaciones del estilo gótico. Dijo él, con resabio: “El arte gótico es imperfecto, está a medio resolver; es el estilo del compás, de la fórmula de la repetición industrial. Su estabilidad se basa en el apuntalamiento permanente de los contrafuertes: es un cuerpo defectuoso que se aguanta con muletas […] Prueba que las obras góticas son de una plástica deficiente es que producen la máxima emoción cuando están mutiladas, cubiertas de hiedra e iluminadas por la luna”. Con la introducción de bóvedas de hiperboloides, él colocó el centro adonde el gótico situaba la clave, con el beneficio de que el hiperboloide permitía crear un hueco en ese espacio, a través del cual pasaba la luz natural. “La arquitectura es el primer arte plástico; la escultura y la pintura necesitan de la primera. Toda su excelencia viene de la luz. La arquitectura es la ordenación de la luz […] La luz que consigue la máxima armonía es la que tiene una inclinación de 45°, pues incide en los cuerpos de modo que no es de forma horizontal ni vertical. Es la que se puede considerar luz media y da la más perfecta visión de los cuerpos y su matización más exquisita. Es la luz del Mediterráneo”, sentenció Gaudí. La influencia del pensamiento racionalista, en especial de la Escuela de la Bauhaus, provocó un cierto menosprecio de la obra de Gaudí tras su muerte en 1926. Salvador Dalí, empero, capitaneó en los años 50 la iniciativa de recuperar el nombre y la obra del genial arquitecto catalán. En las firmas ilustres de la arquitectura contemporánea (Le Corbusier, Pier Luigi Nervi, Oscar Niemeyer, Eduardo Torroja, Félix Candela, Santiago Calatrava, Frei Otto, Kenji Imai) la obra de Gaudí, a fin de cuentas, suscitó tanta admiración como influencias. Constituía, sin embargo, un enigma no resuelto el lugar en que Gaudí observara las formas blandas, redondeadas, retorcidas, acanaladas o marcialmente erectas que excitaran su imaginación. Se pensaba en Sant Miquel del Fai, en la cementera Asland del Garraf, en la montaña de Monserrat, en la Mola de Gallifa o, por qué no, en las montañas turcas de la Capadocia. Hasta que una pareja catalana (Paula Santamaría, arqueóloga, y Josep Pedret, doctor en ingeniería y profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña), después de año y medio de investigaciones, diera con un lugar en el que pueden mirarse perfiles y apariencias rocosas similares a las fachadas, las puertas y las chimeneas de la Pedrera, al dragón y los pilares del Park Güell, o a los balcones y el gran balcón de la planta principal de la Casa Batlló. Se trata del Coll de la Desenrocada, un paraje situado entre los municipios de la Argentera y Vilanova d’Escornalbou, en la provincia de Tarragona. La revista histórica catalana Sápiens publicó una crónica de este hallazgo. El reportaje aparece ilustrado con fotografías que contrastan, caso a caso, las formaciones rocosas visibles en el sitio con los detalles de la obra de Gaudí. La investigación está favorecida por la opinión del experto gaudiano Jaume Massó, historiador y asesor del Centro Gaudí de Reus. El Coll de la Desenrocada se encuentra muy cerca de los parajes donde Gaudí nació y pasó su infancia y juventud. “La tesis es muy verosímil porque se trata de un lugar familiar para Gaudí”, asegura Massó. Existen asimismo documentos que demuestran las frecuentes visitas del arquitecto a esta zona al inicio del siglo XX. El que Paula y Josep descubrieran el muestrario geológico que inspiró al gran arquitecto catalán es un fruto de la curiosidad y, claro que sí, también de la devoción. Representan ellos el típico matrimonio de jóvenes cultos, fervorosos de la naturaleza y de la obra del gran Gaudí: máxima expresión artística de su entrañable y antiquísima nación. ______________________________________ • El doctor Josep Pedret ha participado como socio nuestro en diferentes estudios y proyectos de ingeniería. Pedro Delgado Malagón.

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