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14 de abril del 2021

Opinión

Entre Unicef y Don Miguelo

Mientras Unicef advierte a la sociedad dominicana y los medios de comunicación, a propósito de la reciente difusión en las redes sociales de niños expuestos a situaciones de hipersexualización y abuso, sobre la necesidad de proteger esa población evitando su revictimización y asegurándose de que se respete su dignidad, en San Francisco de Macorís cientos […]




Mientras Unicef advierte a la sociedad dominicana y los medios de comunicación, a propósito de la reciente difusión en las redes sociales de niños expuestos a situaciones de hipersexualización y abuso, sobre la necesidad de proteger esa población evitando su revictimización y asegurándose de que se respete su dignidad, en San Francisco de Macorís cientos de personas se concentraron frente al Palacio de Justicia para pedir la libertad del artista urbano Don Miguelo, acusado de violar el Código del Menor al utilizar a varias niñas como “modelos” en su mas reciente video. El artista urbano, quien podría enfrentar una sanción de 2 a 4 años de privación de libertad, ha recibido una oleada de solidaridad de sus colegas, que alegan que este nunca quiso hacer daño, y es evidente que también cuenta con el apoyo incondicional de sus seguidores. “Tantos casos importantes que se pierden en la Justicia y mira cómo el Ministerio Publico está perdiendo su tiempo con una persona que lo único que hace en San Francisco de Macorís es ayudar a las personas más necesitadas”, declaró a Diario Libre un dirigente del Frente Amplio de Lucha Popular, el temible FALPO, con lo que de seguro habrá provocado el desconcierto de la representante de UNICEF en el país, recordándole lo difícil que puede ser su trabajo en este fallido paraíso tropical. Porque está claro que para esa multitud que pide a gritos que lo suelten Don Miguelo no hizo nada malo con ese video, y es probable que así piensen también los padres que consintieron la participación en el de sus hijas, que deberían ser llamados a capítulo por el Ministerio Público. Al fin y al cabo es también su responsabilidad –como dice UNICEF– velar porque se respete la dignidad y la integridad física, síquica, moral y sexual de sus hijas, lo que incluye la preservación de su imagen, identidad, autonomía de valores, ideas y creencias. Siempre y cuando sepan, claro está, conqué se come todo eso. PorClaudio Acosta

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