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12 de mayo del 2021

Política

Equívocos y persistencia de la inconsistencia

Por CÉSAR PÉREZ . La discusión sobre las tres causales a ser incluidas en el Código Penal, pone al desnudo, una vez más, nuestra inveterada tendencia a hacer transacciones inconducentes. Hay quienes barajan propuestas de aprobar dicho código con una sola causal o sin las tres, y crear una “ley” especial para estas últimas y eventualmente para […]




Por CÉSAR PÉREZ .

La discusión sobre las tres causales a ser incluidas en el Código Penal, pone al desnudo, una vez más, nuestra inveterada tendencia a hacer transacciones inconducentes. Hay quienes barajan propuestas de aprobar dicho código con una sola causal o sin las tres, y crear una “ley” especial para estas últimas y eventualmente para las dos faltantes, o convocar un referendo aprobatorio para ambos casos, de ser necesario. De ese modo, pretenden arrastrar al país hacia otra indecorosa y hasta tramposa transacción. También, en la discusión una de las partes se ha arrojado el monopolio del respeto a la vida humana, dando por sentado que la otra no la respeta, persistiendo en apoyarse en un concepto sobre el que no existe acuerdo unánime en las esferas de la ciencia y de la fe.

En efecto, en la discusión sobre cuando comienza la humana es esencial referirnos a un concepto mucho más concreto: el de persona, que es fundamental desde el punto de vista social para establecer derechos y deberes que son los pilares ético-morales básicos en que se sostiene todo ordenamiento jurídico, y para la exigencia de un comportamiento moral relativo a lo religioso/fe. Se yerra cuando se dice que la vida humana comienza desde la concepción, porque es confundirla con fecundación, que no es lo mismo. Sobre eso, existe una significativa bibliografía, que establece que durante más de mil años la Iglesia católica no se opuso al aborto, al considerar que un embrión alcanzaba la condición de humano después de un determinado tiempo

Algunos teólogos de esa iglesia, entre los que se distinguen San Agustín y Santo Tomas, que decía que eran 40 días que el embrión alcanzaba las propiedades intelectivas indispensables para ser considerado un ser humano, para poseer alma que era lo que daba la categoría de humano. Pero, en el mundo de religioso, filosófico o científico nunca hubo ni hay acuerdo unánime en la polémica sobre qué es vida/ser humano. Esa polémica tubo una expresión espantosa durante los tiempos de la colonización española y de la esclavitud en Norteamérica. Se decía que los aborígenes y los negros esclavos no eran humanos, porque no tenían condiciones intelectivas (religiosas). No tenían alma, no eran personas, decían amos y colonizadores, para serlo debía ser bautizados.

De igual modo, durante siglos las mujeres fueron considerada una cosa, un objeto a ser intercambiado por su dueño. Ni a estas ni aquellos se les consideraba personas, no tenían derechos, aunque sí le imponían inhumanos deberes. Cabe preguntarse ¿en nombre de un misterio/fe, debe una niña de 9-13 años, embarazada por violación, tener un hijo cuyas consecuencias serán devastadora su futuro? Imposible, se le negaría su derecho a su pleno desarrollo humano.  Como tampoco es humano negarle el derecho a una mujer a tener un hijo sin posibilidad alguna de lograr una capacidad intelectiva (condición eclesial para ser humano según la vieja concepción religiosa) o si SU vida corre peligro.

Eso se ha entendido en 189 de los 194 países del mundo, cuya población es de casi 7.674,953 865 millones, contra 5 cuya población es de 25,046 135 millones, entre los cuales desafortunadamente nos quiere mantener una minoría de altos dirigentes de diversas iglesias. Aquí, la mayoría, creyentes y no creyentes ha pactado un Código Penal con las tres causales conocidas. Es política  y moralmente inaceptable tranzarse por la eliminación de una de ellas, de su totalidad, por un indefinido referendo que sumiría el país en un peligroso ambiente de cruzada en pleno siglo 21, o como “bajadero” por una “ley especial” potencialmente tramposa”. Sería persistir en nuestra inveterada tendencia hacia inconsistencia.

En lo que se refiere al referendo consultivo, algunos juristas ya se han pronunciado en el sentido de que, para el tema que nos ocupa, esa figura no es viable constitucionalmente, otros, en un acto de pura soberbia y fanatismo lo objetan porque quieren pura y simplemente que el Código Penal sea aprobado sin las tres causales y otros por una naif búsqueda de un “bajadero”. Pienso que al gobierno ni al país les conviene tensar el tema más de lo que lo ha tensado una minoría y colocarse en la mira de la comunidad internacional por estar discutiendo una cuestión que desde hace décadas ha sido resuelta en la casi totalidad de países.

En definitiva, una situación con tantas interpretaciones jurídicas, de fe y hasta política difícilmente pueda ser resuelto sólo en el ámbito de unos congresistas que en gran medida ha sido convertidos en rehenes del fanatismo religioso de una minoría desde antes de que la generalidad de ellos asumiera su investidura. Por consiguiente, el tema deberá ser resuelto en el ámbito del liderazgo político del país, asumiendo con responsabilidad el clamor de la mayoría. Dando ejemplo de que, entre otros cambios, los temas controversiales serán enfrentados sin recurrir a la práctica de las transacciones e inconsistencia con que la clase política dominicana a resueltos grandes temas de la vida nacional. Un desafío

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