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18 de mayo del 2021

Opinión

Es tiempo de mirar en otra dirección

SORAYA CASTILLO. La crisis post electoral originada tras las elecciones primarias simultáneas tiene ribetes que van más allá de los acontecimientos que nos mantienen expectantes. Hace ya décadas que los partidos políticos acusan el derrotero del divisionismo, precisamente por no ponerse de acuerdo en aspectos fundamentales para el futuro de la nación y la sobrevivencia […]




SORAYA CASTILLO.

La crisis post electoral originada tras las elecciones primarias simultáneas tiene ribetes que van más allá de los acontecimientos que nos mantienen expectantes.

Hace ya décadas que los partidos políticos acusan el derrotero del divisionismo, precisamente por no ponerse de acuerdo en aspectos fundamentales para el futuro de la nación y la sobrevivencia misma de sus propias organizaciones.

El fraccionamiento de los partidos Revolucionario Dominicano (PRD), a principios de la década de los 80’ y luego en el año 2004, así como la del Reformista Social Cristiano (PRSC), en los años 90’ y en la actualidad, se  inscriben en esta tendencia de divisiones que afecta severamente el sistema de partidos. La más reciente, la salida de Leonel Fernández del PLD, se agrega a esa lista de separaciones. Por todo esto y más, la gente exige nuevos paradigmas del ejercicio político.

Colocar las apetencias de poder muy por encima de las aspiraciones de una mayoría que reclama un nuevo orden político, ha sido el error fundamental de la partidocracia tradicional en República Dominicana.

Las circunstancias actuales obligan a insistir en la necesidad de que nuestra sociedad experimente la demorada transición del viejo modelo político-partidario, hacia nuevas propuestas, frescas, modernas y apegadas a los principios que exigen diversos sectores.

El mal ejemplo de esa dirigencia de antaño nos coloca en el vórtice del debate de si en verdad las ideologías políticas son especie en extinción. Y esto no es algo exclusivo de nuestro país, sino compartido con naciones de la región, que pasan por momentos complejos y preocupantes, expresados en protestas de ciudadanos inconformes y hastiados de decisiones desconectadas de sus verdaderos intereses. La corrupción administrativa y la puesta en marcha de políticas de Estado desajustadas, son también caldo de cultivos de esas manifestaciones airadas, con un saldo infeliz de muertes, heridos, desapariciones y detenciones forzosas.

¿Hasta qué punto seremos los dominicanos capaces de evitar ese pandemonio, donde la violencia se generaliza y el régimen institucional pierde su poder jerárquico de actuación? No lo sabemos.

No es posible vaticinar un final feliz en medio de tanta confusión, de posturas radicales hasta lo irracional, que no ceden ni un ápice, y de determinados entes agitando desde las gradas, creando condiciones para pescar en río revuelto, en vez de sumarse a los esfuerzos de búsqueda de soluciones.

Pero como la sabiduría popular nos invita a pensar y creer con firmeza que “la esperanza es lo último que se pierde”, es tiempo de pasar la página, de seguir adelante y mirar otras opciones.

Es cierto que no todo está perdido, pero el momento es para actuar sin dilación. Los políticos de ayer nos decepcionan con sus reprochables actitudes y comportamientos desmesurados. Miremos optimistas, pero en otra dirección.

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