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07 de mayo del 2021

Política

¡Eso no puede repetirse!

Tony Raful. Profeso un profundo respeto por la honorabilidad de los miembros de la Junta Central Electoral (JCE) y en particular tengo lazos de admiración y afectos personales por algunos de ellos. Hago pública algunas observaciones  del proceso de las primarias recién finalizadas faltando apenas tres días para cerrar oficialmente los pedidos de entrega de […]




Tony Raful.
Profeso un profundo respeto por la honorabilidad de los miembros de la Junta Central Electoral (JCE) y en particular tengo lazos de admiración y afectos personales por algunos de ellos. Hago pública algunas observaciones  del proceso de las primarias recién finalizadas faltando apenas tres días para cerrar oficialmente los pedidos de entrega de copias de la cédula de identidad, documento imprescindible para ejercer el voto en las primarias electorales, recién transcurridas, una inusitada presencia de millares de personas abarrotó las oficinas de la JCE en búsqueda ansiosa de ese documento para votar. Rostros adustos, indiferentes, ajenos, sin ninguna conciencia cívica, se arremolinaban exigiendo copias de sus cédulas “perdidas”. ¿Qué era en realidad lo que estaba sucediendo? ¿Se trataba de interés real por ser parte de  las nóminas electorales de votación para cumplir con el deber partidario de escoger su candidato presidencial? En realidad se abrió lo que podemos describir como un “mercado persa” de obtención de documentos para ser vendidos en una gigantesca operación funcional, que operaría con fines de incentivar sumatorias a un determinado candidato presidencial de un partido, y reducir el volumen de concurrencia del padrón electoral al PRM. De esa manera, el día de la votación a la vista de todo el mundo, se compraban o se hacían operaciones de compra masiva alrededor de  centros de votación electoral. La compra surtió un efecto mágico, que en el interior del país, sobre todo en zonas  de pobreza extrema, a la vista de todos, obligó de manera descarada, a extender votaciones hasta la medianoche contra las decisiones asumidas por la honorable Junta Central Electoral, que se había limitado a autorizar a votar a quienes a las cuatro de la tarde estuviesen todavía en las colas de votación para ejercer el sufragio. Quien escribe en un recorrido por centros de votación en el Distrito Nacional, vio con sus propios ojos, a escasos metros de los recintos, a grupos de facinerosos, con fajos de billetes en esa operación delictiva. Inmediatamente recurrí a agentes de seguridad y policiales, para impedir esas acciones que se efectuaban con toda la calma del mundo. ¿Cómo funcionó ese operativo transgresor de las disposiciones legales del proceso electoral de las primarias? Todo luce indicar que se puso en práctica una modalidad hasta entonces desconocida, en las clásicas acciones fraudulentas de usurpación del voto electoral. No se trataba en modo absoluto, de quedarse con el documento de identificación electoral, sino en tomar fotografía con el celular, y luego de pagar el dinero, entregar la cédula al votante. ¿Para qué? Volveré sobre el tema.

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