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13 de abril del 2021

Deportes

España: Muere Quini a los 68 años tras sufrir un infarto a pocos metros de su casa

Un día, en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe, tras un partido del Sporting, año 2004, una admiradora, nerviosa a sus 44 como si tuviera 20, le pidió hacerse una fotografía y firmar una bandera de Asturias. -¡Quini, Quini, por favor! Y el entonces delegado del Sporting se dio la vuelta, le cogió los mofletes […]




Un día, en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe, tras un partido del Sporting, año 2004, una admiradora, nerviosa a sus 44 como si tuviera 20, le pidió hacerse una fotografía y firmar una bandera de Asturias. -¡Quini, Quini, por favor! Y el entonces delegado del Sporting se dio la vuelta, le cogió los mofletes y le dijo: «Yo soy Enrique, encantado». Por supuesto, cuando a la admiradora se le pasó el sofoco, se hizo la foto, firmó la bandera y respondió a un puñado de preguntas retóricas con una sonrisa enorme. Y como ella, como esa admiradora, miles y miles de personas pueden contar la misma anécdota. O parecida. Jamás tuvo un desplante con nadie. Jamás dijo no. Jamás dijo adiós. Hasta este martes. Enrique Castro González murió en Gijón. Quini falleció a los 68 años y encogió el corazón del fútbol español, aunque, hablando de corazones, el que falló fue el suyo. Pasadas las ocho de la tarde, mientras conducía por la Avenida de Juan Carlos I, una de las arterias que conectan el centro de Gijón con el barrio de La Calzada, donde él residía, calle Los Andes, frente a un Carrefour, sufrió un infarto. Tuvo tiempo de detener el coche y pedir ayuda. Una pareja de la Policía intentó reanimarle hasta que llegó la UVI Móvil. Los sanitarios lograron recuperarle en un primer momento, pero fuentes hospitalarias contaron a Efe que en el vehículo sufrió una segunda parada de la que ya no se rehízo. Poco después de las 22.15 horas, el hospital de Cabueñes confirmaba su fallecimiento. La noticia sacudió la noche y dejó en un segundo plano la derrota del Madrid, y la lesión de Neymar. Quini era el mayor icono del Sporting de Gijón, probablemente el mejor embajador de Asturias del último medio siglo y, sin duda, una de las figuras más reconocibles de la historia del fútbol español. Retirado en 1987, los últimos 30 años han servido para incrementar su leyenda. Tras la mala época que siguió a su adiós a los campos, en 1995 el Sporting le ofreció el cargo de delegado de campo y una inmobiliaria le regaló el piso donde vivía a cambio de promocionar en los medios la construcción del edificio. De esos 20 años como delegado del primer equipo gijonés quedan las imágenes del profundo cariño y respeto que tenían por él en toda España. El Sporting, en la peor época de su historia, se sostenía gracias al carisma de un hombre que, recuperada la estabilidad vital y económica, hubo de enfrentarse, en 2005, a un cáncer de garganta y cabeza. Él mismo contaba que fue una enfermedad que no anunciaba su presencia. De hecho, el médico del Sporting, antes las dificultades que tenía para tragar, creyó ver una infección muy grave. Sin embargo, todo derivó en dos operaciones (2006 y 2008) y en unas infinitamente crueles sesiones de quimioterapia que le dejaron en algunos momentos muy débil. El mítico ascenso de 2008, con Preciado en el banquillo, sólo tuvo un grito de guerra. «¡Ahora, ahora, ahora Quini ahora!». Aquel 15 de junio la afición del Sporting quería más la vida de Quini que volver a Primera. Exactamente lo mismo que hubiera querido este martes.

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