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19 de junio del 2021

Opinión

Espíritu

Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio  Hoy traemos a colación una realidad de la vida: el espíritu. Hay personas que dicen “yo no veo el espíritu”. Es una pena porque ha­bla superficialmente, pero las realida­des de la vida no se pueden engañar: el ser humano es cuerpo, alma y espíritu. “¡Pero yo nunca […]




Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio

 Hoy traemos a colación una realidad de la vida: el espíritu.

Hay personas que dicen “yo no veo el espíritu”. Es una pena porque ha­bla superficialmente, pero las realida­des de la vida no se pueden engañar: el ser humano es cuerpo, alma y espíritu.

“¡Pero yo nunca he visto el espíritu!”. Pregúnta­le a los neurólogos cuando te dicen que uno que está usando drogas lo que está buscando es algo espiritual. Yo me atreví a decir eso en una charla y una señora me dijo: “Pero usted está diciendo que los drogadic­tos están justificados”. El drogadicto en el fondo, en último término, está buscando algo espiritual y piensa que usar drogas es lo más espiritual que hay y estimu­la su cerebro.

He oído a los que trabajan con música, con arte, a las que llaman artes nobles –estamos hablando de música buena, la música que llamamos buena– en­tre ellos no hay drogadictos, o menos drogadictos, y el que entra ahí no entra en esa música. En el fondo el espíritu lo necesitamos.

Existen nueve clases de cerebros. Es un tema para estudiar muy a fondo. Se hablaba de que el cerebro era como para las ideas para pensar y hoy se ha estu­diado que nuestro cerebro sirve y pide lo espiritual.

El espíritu no se ve, pero es una realidad y una ne­cesidad. Pentecostés, fiesta del Espíritu Santo, nos re­cuerda una realidad de la vida humana, lo espiritual.

Hasta mañana si Dios, usted y yo lo queremos.

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