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21 de abril del 2021

Opinión

“Esta tarde vi llover”

Marcio Veloz Maggiolo. mvelozm@yahoo.com Armando Manzanero espera verla cada vez que la tarde, lluviosa y sorpresiva la trae envuelta en la ausencia, en la esperanza del ambiente que estalla con la lluvia. Es el momento en el que el enamorado la cree viva para complacer, entre la multitud, una esperanza. El espejo del aguacero debe […]




Marcio Veloz Maggiolo.
mvelozm@yahoo.com
Armando Manzanero espera verla cada vez que la tarde, lluviosa y sorpresiva la trae envuelta en la ausencia, en la esperanza del ambiente que estalla con la lluvia. Es el momento en el que el enamorado la cree viva para complacer, entre la multitud, una esperanza. El espejo del aguacero debe reflejarla cada vez que la gente huye del temporal. Ella es también objeto hecho de lluvia, espacio que traspone el clima para hacer nuevo cada movimiento en el que ella podría haber surgido hecha realidad intocable, vio gente correr y no estaba ella, “vi gente correr y no estabas tú”, cediendo a la vieja imagen con la que un repentino eco de sombras montado sobre el eco de humedales reiterativos, busca encontrarla. Detrás de uno de sus primeros boleros, casi beguina, Manzanero, rumbo a los 90 años, casi centenario, sigue siendo bandera de modernidad; usó su espíritu yucateco estableciendo un modo nuevo de hacer bolero— balada, con letras y músicas nuevas, con un sentimiento que se hacía dinámico y esplendente en los vericuetos de su voz fañosa y firme, muchos años luego de que, con voz apagada y casi temblorosa, Agustín Lara transformara el bolero mejicano en un universo que muchos consideraron, injustamente, cursi. Yucatán. Discípulo musical de Cuba en mucha de su música, padre y madre a veces del danzón modernizante que resucitara criollo, local y repentino en sus salas de baile, había iniciado el trayecto de una música donde el ritmo de la marimba afromejicana y el arpa modificada impusieron un tropel de notas sincopadas que se mantienen vibrando hasta hoy. Manzanero es el resultado en músicas y letras de algo así como una nueva visión: la de la neomodendad del bolero iniciada con Santa de Agustín Lara y culminada en Azul del mismo autor. Como la Cuba de los 50, el México de esos años hizo del bolero un lenguaje de variadas expresiones donde tomaron parte voces inolvidables, orquestas y conjuntos y autores irrepetibles. Es de esperar que Manzanero siga a los 85 abriles, viendo la lluvia caer, la gente correr y la imagen inmaterial de su deseo, seguir reconstituyendo el amor escondido en los momentos en los que el alma restituye con un bolero la esperanza.

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