República Digital - Indotel Anuncio

17 de abril del 2021

Opinión

Estado, soberanía nacional y gobierno

Por Teófilo Quico Tabar. Desde la antigüedad se discutía sobre el origen y el propósito de lo que hoy se denomina Estado. Esta cuestión partió del análisis del concepto de la ley que supone la existencia de una sociedad y la organización política de la misma. Han sido varios los esfuerzos para entender el papel […]




Por Teófilo Quico Tabar. Desde la antigüedad se discutía sobre el origen y el propósito de lo que hoy se denomina Estado. Esta cuestión partió del análisis del concepto de la ley que supone la existencia de una sociedad y la organización política de la misma. Han sido varios los esfuerzos para entender el papel y las funciones del Estado. Unos lo consideraron como una teoría orgánica según la cual la organización política de la sociedad en forma de Estado es la etapa normal de desarrollo que ha de seguir a la Constitución de la sociedad armónica a partir de la condición individual, pero gregaria. Otros lo entendieron como una teoría mecánica según la cual el Estado es una invención artificial, surgida para ordenar las formas elementales de asociaciones que el propio ser humano ha creado en un intento para poner remedio a los abusos que marcan toda relación entre ellos. El concepto de Estado ha tenido una amplia evolución desde cuando fue utilizado con éxito por Maquiavelo en el Príncipe, a comienzos del siglo XVI. Adquirió un significado más preciso, fundamentalmente en relación con el concepto de soberanía, entendida como la facultad de expedir y poner en aplicación ciertas leyes dentro de determinado territorio. Conjuntamente se le adjudica al Estado la función de gran ordenador, es decir, de elemento de cohesión y orden en la vida de la sociedad. Thomas Hobbes plasmó su idea en la teoría estructuralista (Leviantan). La forma y la potencia de un Estado eclesiástico y civil. Según él: “Tan poderoso sería éste, que podría remediar todos los males de la sociedad”. Pero las diferentes vertientes han llevado, en distintas épocas, hacia los sistemas de gobierno que reconocemos por sus características constitucionales. Ya sean los sistemas más absolutistas y despóticos que van quedando en el pasado, en los que han primado la voluntad arbitraria de quienes ejercen el mando, o bien hacia los gobiernos de estirpe democrática con expresión del pueblo y de la nación para decidir su destino común. Algunos entienden que las funciones prioritarias de los gobiernos son: controlar, decidir, servir y producir. Y que las mejores herramientas para medir el desempeño de los gobiernos son: extensión, relevancia, eficiencia, adaptabilidad, flexibilidad, propaganda e información. Muchos gobiernos han demostrado poca eficiencia como agentes de cambio o de democracia, aún cumpliendo con algunas de las prioridades antes mencionadas. Han padecido del exagerado y enfermizo síndrome del control, del mesianismo, la sordera y la falta de visión. Estado, soberanía nacional y gobierno son tres aspectos de una sola realidad.
Y aunque cada uno de ellos expresa una faceta diferente, son muchas las posiciones que los gobernados han asumido ante sus gobiernos. Una amplia gama que ha ido desde el anarquismo hasta el socialismo pasando incluso por el individualismo y el colectivismo empírico. Los gobiernos se pueden asumir en beneficio de todos o en beneficio de determinados grupos. Lo que marca la diferencia entre unos y otros. Lo fundamental es entender que los gobiernos deben regirse por constituciones y convertirlas en el fundamento del Estado de derecho.

Noticias destacadas