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11 de abril del 2021

Economía

Euforia por el presente y pánico por el futuro en la reunión mundial del FMI que arranca hoy

«Mientras la música siga, tienes que bailando. Nosotros seguimos bailando». La frase es de Chuck Prince, entonces presidente y consejero delegado de Citigroup, que en aquel momento era el mayor banco del mundo, en julio de 2007, al inicio de la crisis de las hipotecas basura. Cuatro meses más tarde, Prince dimitía. Dieciséis meses después, Citi era […]




"Mientras la música siga, tienes que bailando. Nosotros seguimos bailando". La frase es de Chuck Prince, entonces presidente y consejero delegado de Citigroup, que en aquel momento era el mayor banco del mundo, en julio de 2007, al inicio de la crisis de las hipotecas basura. Cuatro meses más tarde, Prince dimitía. Dieciséis meses después, Citi era parcialmente nacionalizado por el Gobierno de George W. Bush. El Fondo Monetario Internacional (FMI) comienza hoy su reunión de primavera con la "música" a todo trapo. Todas las grandes regiones de la economía mundial están, por primera vez en más de una década, creciendo simultáneamente. Solo con eso basta para que el encuentro, que va acompañado de la habitual reunión de los ministros de Finanzas del G-7 y del G-20, se celebre en un clima de euforia. Pero esa euforia está contenida por el miedo. Miedo a la guerra comercial entreEEUU y otros países - fundamentalmente, China - y, en general, al riesgo de fractura del comercio internacional provocado por las cada vez más frecuentes rabietas de Donald Trump - que ayer, en un caso rayano en el surrealismo, exigió en Twitter a China y a Rusia que suban los tipos de interés al ritmo al que lo hace EEUU -. Miedo a las consecuencias futuras de la deuda pública y privada en todo el mundo. Miedo a la acumulación de burbujas en mercados financieros e inmobiliarios. Y con un nuevo factor de riesgo: el recalentamiento de EEUU que Trump está creando mientras dispara el déficit de su país. Así, la mayor economía del mundo se ha convertido en el principal factor de riesgo global. Desde la crisis de 2008, la política fiscal estadounidense, dictada por elPartido Republicano - primero desde el Congreso, y, ahora, también desde la Casa Blanca - ha sido procíclica. Primero, cuando EEUU estaba en medio de una débil reactivación, los republicanos del Congreso bloquearon una expansión fiscal que hubiera estimulado el crecimiento, e incluso llegaron en 2011 a poner al país al borde de la suspensión de pagos. Ahora que EEUU ya lleva 9 años de expansión, Trump y sus aliados han bajado los impuestos y disparado el gasto. Al menos, EEUU tiene un as en la manga: el dólar es la divisa de reserva mundial, lo que hace que la capacidad de endeudamiento de ese país sea, en teoría, ilimitada. La expansión fiscal estadounidense es exagerada, incluso en un mundo en el que la deuda - pública y privada - está en niveles récord. El FMI ya ha declarado que países como España y Alemania deberían aprovechar el favorable ciclo económico para reducir su deuda pública. La deuda pública ha crecido en el mundo industrializado en todos los ciclos económicos hace más de cuatro décadas, y ahora está disparándose en los mercados emergentes y en los países de ingresos bajos. A medida que los bancos centrales de los países desarrollados suban los tipos de interés, los países emergentes y en desarrollo pueden empezar a afrontar problemas para financiar sus déficit. Y esa normalización de las condiciones monetarias es lo que implica el mayor peligro en un horizonte de dos o tres años. Porque, con un crecimiento generalizado y unas condiciones financieras muy favorables, las valoraciones de todos los tipos de activos - deuda pública, deuda privada, renta variable, y mercado inmobiliario en grandes capitales de todo el mundo - están, como suele decir el Fondo, "estiradas", lo que es un eufemismo para evitar la palabra maldita: "burbuja". Mientras el crecimiento continúe y la inflación siga sin dar señales de vida, esa dinámica va a continuar, y también lo va a hacer el endeudamiento de las empresas y familias. Otra cosa es lo que suceda cuando las cosas cambien. Entonces, será el momento de comprobar si las regulaciones impuestas tras la crisis de las hipotecas basura en EEUU y de la hecatombe de la Eurozona son capaces de funcionar. Los 'vehículos' financieros en los que los bancos aparcaban fuera de sus balances los bonos basados en hipotecas ya no existen. Los grandes mercados de titulización de activos han cambiado, lo que en teoría haría imposible otra crisis como la de las 'hipotecas basura'. Y los bancos están mejor capitalizados y regulados. El problema es que no sabremos si las cosas han cambiado de verdad hasta que la música deje de sonar.

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