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17 de abril del 2021

Opinión

Evocando la seriedad

Ricky Noboa. Frente a las nuevas generaciones se desvanece el estereotipo del hombre serio. La autoridad se pierde en la medida en que la condición del respeto a los que nos dirigen es cuestionada por la percepción escéptica de sus acciones, reñidas con los preceptos morales. Subrepticiamente se va imponiendo la inconducta en el proceder […]




Ricky Noboa.
Frente a las nuevas generaciones se desvanece el estereotipo del hombre serio. La autoridad se pierde en la medida en que la condición del respeto a los que nos dirigen es cuestionada por la percepción escéptica de sus acciones, reñidas con los preceptos morales. Subrepticiamente se va imponiendo la inconducta en el proceder ético de las actividades que requieren de un mínimo de moralidad, como expresión de la valorización de la honestidad de las personas. Se negocia la fi delidad, la solidaridad, la sexualidad, el pudor, la transparencia y con ella, la honestidad, dando paso al reconocimiento y la valoración del hombre producto del progreso indecoroso, respaldado por la inmunidad premiada de impunidad. La familia va sucumbiendo en la lucha por transmitir a sus miembros los principios y valores que otrora signifi caron su mayor y principal capital, como lo fueron la formación ética y moral de sus miembros. Hoy, la inversión en valores es un obstáculo en la consecución de una vida honorable, donde las oportunidades están íntimamente ligadas a la indignidad de crecer entregando la vergu¨enza de la familia, a cambio de las prebendas sustentadoras del descredito. En la sociedad, el poder de los nuevos paradigmas está avalado por la implementación de lo indecoroso, como medio de alcanzar bienestar material. Los más admirados son los de cuello blanco con sus largos tentáculos en los estamentos de poder; los más humildes crecen vertiginosamente porque el crimen organizado los protege a cambio de su brazo ejecutor, otorgándoles autoestima al acceder a las mieles del consumo inducido por el capitalismo. En fi n, para alcanzar fortuna la prostitución de las actividades económicas tiene su plataforma en el delito que permea las instituciones creadas para combatirlo, dando paso a la desaparición de los paradigmas de seriedad que representaban un ejemplo a seguir por nuestros hijos, que hoy se debaten entre la criminalidad e inseguridad ciudadana. No todo es culpa de la política, los empresarios usureros no han sido compromisarios con las condiciones sociales de mejoría de la salud, educación, retribuciones y conquistas sociales, provocando el peligroso défi cit social existente. De tal forma, las prestaciones laborales o cesantía deben mantenerse como una conquista social de la lucha de los trabajadores, para contribuir a la paz social y estabilidad laboral.

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