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12 de abril del 2021

Opinión

Expectativas al piso

Orlando Gil gil@claro.net.do/@orlandogildice  Nadie pronunció las sa­crosantas palabras ( “no llenó las expec­tativas” ) con que la oposición de todos los  tiempos reacciona al discurso del presi­dente de turno. Ahora era una inauguración de manda­to, pero la mezquindad no descansa y tampoco concede. Y la oposición podrá aguantarse las ganas, pero no renun­ciar a su […]




Orlando Gil
gil@claro.net.do/@orlandogildice
 Nadie pronunció las sa­crosantas palabras ( “no llenó las expec­tativas” ) con que la oposición de todos los  tiempos reacciona al discurso del presi­dente de turno. Ahora era una inauguración de manda­to, pero la mezquindad no descansa y tampoco concede. Y la oposición podrá aguantarse las ganas, pero no renun­ciar a su papel. Llevar la contraria es parte de su ADN y ejercicio permanente. Luis Abinader en la oportunidad fue afortunado, y tal vez se deba a que cie­rra una era, y el cambio conviene a to­dos los grupos. El empezar de por sí crea un ambiente favorable. Fue un buen discurso sin duda, apro­piado a la ocasión, pues -- como mis­mo reconoció – no tenía que entrar en detalles que los días anteriores habían ofrecido los nominados a altas posi­ciones.No obstante no repetirse el cli­ché de que “no llenó las expectativas”, lo cierto es que no se llenaron. No en la alocución, ni en la presentación, si­no en el acto. La gente se había prepa­rado para otra cosa. Quería un 1978 otra vez, y que Luis Abinader hiciera de Antonio Guzmán y Danilo Medina de Joaquín Balaguer. Medina se salió del guion y no se pudo hacer la película. Difícilmente Medina escriba sus memo­rias o casi imposible que algún autor sin tema se ocupa de recoger y comple­tar sus anales. No se conocerán por tanto las razones íntimas que lo llevaron a eludir esa ci­ta con la historia. A dar gusto al morbo despierto de los que consideran la polí­tica un espectáculo. Como Medina no hubiera podido replicar, lo que se que­ría era que lo golpearan amarrado. La ausencia fue calificada, en una exage­ración, de cobardía. Expectativa al sue­lo, pues. Aunque viendo la situación en retrospectiva, y si el presidente entran­te hubiera dicho el mismo discurso en presencia del saliente, esa expectativa también se cayó. La sobriedad del mensaje, aun cuando se hablara de cárcel para los corruptos, no fue la pela de lengua política que se esperaba.Entre el Antonio Guzmán de entonces y el Luis Abinader de ahora la distancia es un abismo.

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