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09 de mayo del 2021

Opinión

Experiencia en Seattle

Este artículo lo escribo desde el aeropuerto de Seattle, estado de Washington, Estados Unidos de América, en donde vine a cumplir compromisos profesionales. Como era natural, aproveché la ocasión para ir al estadio de béisbol “Safeco Field”, y ver jugar a los Marineros de Seattle contra los Tigres de Detroit. Allí pude comprobar la extraordinaria […]




Este artículo lo escribo desde el aeropuerto de Seattle, estado de Washington, Estados Unidos de América, en donde vine a cumplir compromisos profesionales. Como era natural, aproveché la ocasión para ir al estadio de béisbol “Safeco Field”, y ver jugar a los Marineros de Seattle contra los Tigres de Detroit. Allí pude comprobar la extraordinaria popularidad de los jugadores dominicanos de Seattle, como Jean Segura, Nelson Cruz y Juan Nicasio. Por supuesto, en las mentes de todos está Robinson Canó, a quien le expreso mi solidaridad. La verdad que el juego del domingo fue excelente. Vi al lanzador dominicano Francisco Liriano, de los Tigres de Detroit, lanzar un juego perfecto hasta la séptima entrada, y disfruté el hit ganador de Jean Segura en la doceava entrada. Luego, al final del partido, tuve la oportunidad de saludar a Jean Segura y aquilatar sus extraordinarias condiciones de magnífico representante de San Juan de la Maguana en las Grandes Ligas. Verdadero orgullo nacional. Interesante fue comprobar cómo la comunidad de Seattle está integrada a toda la actividad del béisbol en el estadio. Asumo que lo mismo debe ocurrir en los demás estadios de las Grandes Ligas. Lo primero que llamó mi atención es que las personas que reciben a los fanáticos y que auxilian en los ascensores y dando información al público son personas de tercera edad, que lo más seguro, ya están pensionados, y que el equipo de béisbol los contrata para tales propósitos. Igualmente, sucede con las personas con discapacidad, que también cumplen un rol esencial. Qué extraordinaria lección de vida. De igual manera, el partido estaba dedicado a las “pequeñas ligas” y todos estos niños con sus uniformes de peloteros invadieron el terreno de juego, y luego ocuparon sus asientos. Después, los “boy scouts” fueron los encargados de rendir honor a la bandera al momento de entonar el himno nacional. Y un veterano de la Segunda Guerra Mundial fue el homenajeado especial del día. Cerca de 40, 000 fanáticos, entre ellos, hombres, mujeres y niños, disfrutaron un día espectacular. Siendo testigo de este espectáculo, me preguntaba, ¿por qué en mi país, cuna de los más grandes beisbolistas de toda la historia, no podemos tener un estadio que provea una actividad integradora de toda la comunidad? Reconozco que tenemos muchas prioridades, pero pongamos a nuestros embajadores del béisbol a la altura de las circunstancias. La familia dominicana, ávida de lugares sanos para la recreación, lo apreciará.

Por:

Orlando Jorge Mera.

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