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14 de abril del 2021

Opinión

Faride, la Biblia… nuestro atraso

Oscar Medina. El nivel de atraso que acusa la sociedad dominicana queda evidenciado con el debate desatado a partir del conocimiento en la Cámara de Diputados de una resolución exigiendo la aplicación de la Ley 44-00 que ordena la lectura de la Biblia en las escuelas del sistema educativo público. La forma en que se […]




Oscar Medina.
El nivel de atraso que acusa la sociedad dominicana queda evidenciado con el debate desatado a partir del conocimiento en la Cámara de Diputados de una resolución exigiendo la aplicación de la Ley 44-00 que ordena la lectura de la Biblia en las escuelas del sistema educativo público. La forma en que se ha desarrollado esta discusión es lamentable. Hace tiempo que las descalifi caciones sustituyeron los argumentos y el insulto es la norma ---sobre todo en ese estercolero en que han devenido las redes sociales---, pero en este caso el desborde ha dejado en evidencia las bajas pasiones y los vicios sociales que padecemos… Y a pesar de ello, es en el fondo del debate donde evidenciamos nuestras carencias más profundas. En una sociedad con un poquito de desarrollo humano este sería un debate fútil circunscrito a grupúsculos fanatizados y no habría necesidad de resaltar la valentía de la diputada Faride Raful, que al oponerse a esta rancia propuesta y exigir respeto a la Constitución y a la libertad de culto se ha visto expuesta a cualquier cantidad de amenazas, insultos y manifestaciones de intolerancia. Estados Unidos es el país con más cristianos en el mundo y en las escuelas públicas no se obliga a leer la biblia ni a rezar. Varias sentencias del Supremo prohíben expresamente esa práctica… Allí se respeta la libertad religiosa y de cultos que se encuentra en las bases constitutivas de esa nación… A diferencia de aquí, donde la manipulación religiosa condiciona en extremo las políticas públicas y donde las defi ciencias ciudadanas convierten a la sociedad dominicana en un terreno fértil para la manipulación, el engaño y la conculcación de los derechos utilizando el nombre de Dios para perpetrar todo tipo de abusos, imposiciones y atropellos… Como tantas otras veces ha sucedido a través de la historia de la humanidad. Lo que expresó Faride en la Cámara es una verdad del tamaño de la Catedral, la Ley 44-00 contravienen abiertamente y sin matices el artículo 45 de la Constitución que establece la libertad de cultos y no se compadece en absoluto con el numeral 13 del artículo 63 que traza las pautas y principios sobre los cuales el Estado debe diseñar las políticas en materia de formación en valores ciudadanos… Si esa ley alguna vez fue constitucional ---algo de por sí bastante dudoso---, quedó derogada con la proclamación de la Constitución del 2010, y por lo tanto la Cámara de Diputados pierde su tiempo cuando pide su aplicación… Y también es verdad que la formación espiritual es responsabilidad de la familia y sólo los padres tienen derecho a determinar qué enseñar, cuándo hacerlo y cómo educar a sus hijos en materia religiosa, en plena libertad y sin que el Estado se inmiscuya. Por tanto este no es debate religioso, si no jurídico… Nadie discute las bondades que podría tener la lectura de la Biblia ni la importancia de los valores y las enseñanzas que se encuentran en ese libro sagrado… Pero de lo que se trata es del respeto que un Estado laico y no confesional debe a la libertad de cultos del ciudadano, así como el impedimento que tiene ese Estado para ceder sus competencias en la formación en valores de los niños y jóvenes a agrupaciones religiosas… Lo que dispone esta ley cuando delega en la Conferencia del Episcopado y en la Confederación Nacional Evangélica el diseño y ejecución de los programas de “instrucción bíblica”. El Estado está obligado a garantizar que todas las personas puedan profesar la fe que les parezca sin que por ello se expongan a ser discriminadas, como podría suceder con los niños y jóvenes cuyos padres decidan no someterlos a los estudios bíblicos que manda esa ley, los cuales estarían expuestos al acoso y a los prejuicios sociales derivados del fanatismo religioso. Como también es deber inalienable del Estado fomentar la educación cívica y en valores, de forma tal que los estudiantes adquieran en el sistema escolar conciencia sobre sus deberes y derechos, el respeto a las leyes, los valores patrios y la identidad nacional, y aprendan a actuar apegados a la ética y a las buenas costumbres… Y si algunos de esos valores se pueden reforzar leyendo y estudiando la Biblia, el Corán, la Torá, el Canon Budista o los libros sagrados del Hinduismo… ¡Excelente…! Que los padres o guías espirituales de los niños y jóvenes les transmitan esos valores desde una perspectiva religiosa alrededor de la fe en que se encuentren congregados… Pero no el Estado… cuyo deber es formar ciudadanos… no feligreses.

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