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12 de mayo del 2021

Opinión

Fidel… y el pueblo

Luis Beiro. En mis años cubanos, un ingenuo periodista le preguntó a Raúl Castro acerca de sus labores y responsabilidades como Segundo Secretario del Partido Comunista, y su trabajo como Ministro de las Fuerzas Armadas. La entrevista fue televisada y el reportero pensó obtener una explícita referencia de sus responsabilidades cotidianas. El encuentro sucedió en […]




Luis Beiro.

En mis años cubanos, un ingenuo periodista le preguntó a Raúl Castro acerca de sus labores y responsabilidades como Segundo Secretario del Partido Comunista, y su trabajo como Ministro de las Fuerzas Armadas. La entrevista fue televisada y el reportero pensó obtener una explícita referencia de sus responsabilidades cotidianas.

El encuentro sucedió en un acto público las cámaras y micrófonos de la televisión cubana no perdían pie ni pisada de lo que allí acontecía, y el “privilegiado” comunicador, acreditado oficialmente, aprovechó el momento en que Raúl Castro cruzaba por su lado para lanzarle La pregunta a quemarropa.

Hombre de poco hablar, Raúl siempre fue asequible con la prensa. Sus respuestas, más que elocuentes, eran parcas y ocurrentes. Recuerdo que en otra ocasión requirieron su opinión sobre los reclutas que se fugaban del Ejército en jornadas cortas por reclamos amorosos. Y él respondió con una frase lapidaria: “No es buen soldado quien no se fuga del ejercito, pero no es buen oficial quien no lo captura”.

Raúl prefería pasar inadvertido. No le gustaba sobresalir. Sabía cumplir siempre su papel. Por eso andaba en un segundo plano. Amaba a su familia, la mantenía al margen de su status. Le enseñó la importancia del silencio. Para bien o para mal, hay cosas que un político con sentimientos nunca pone en juego.

Volviendo a la pregunta inicial, el reportero esperaba otro tipo de reacción del vicepresidente cubano.  Pero Raúl Castro lo entrampó. Sus pequeños ojos achinados sabían moverse. En aquella ocasión ante las cámaras, y con una amplia sonrisa en el rostro, respondió:

-Aquí en Cuba solo importan dos cosas: Fidel… y el pueblo. Los demás somos insignificantes. Fidel es y será nuestro único líder y su palabra resume la nuestra. Sus mandatos los cumplimos con orgullo. Yo me sumo al pueblo. Soy parte del pueblo, al igual que todos los compañeros del Buró Político, Ministros y dirigentes del Estado y del Partido. El pueblo es la Revolución liderada por Fidel.

Diciendo esto, Raúl saludó a las cámaras con su acostumbrada gentileza, y le dio la espalda al comunicador que por un instante quedó sin comprender que el show había terminado.

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