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16 de mayo del 2021

Economía

¿Final de la segunda Globalización Mundial?

Lo que se conoce como Globalización Mundial es el libre movimiento de mercancías, capitales y trabajadores. La primera, que fue completa y de largo radio, terminó cuando inicia la Primera Guerra Mundial en 1914. La segunda, incompleta, limitada al flujo de capitales y a un intercambio controlado de mercancías, Trump quiere ponerle punto final antes […]




Lo que se conoce como Globalización Mundial es el libre movimiento de mercancías, capitales y trabajadores. La primera, que fue completa y de largo radio, terminó cuando inicia la Primera Guerra Mundial en 1914. La segunda, incompleta, limitada al flujo de capitales y a un intercambio controlado de mercancías, Trump quiere ponerle punto final antes de cumplir treinta años. Fue el centro del discurso en la ONU, se quejó de que la transferencia del avance tecnológico es el peligro del capitalismo globalizador.
La historia económica mundial del siglo XIXnos dice que su tarea no será fácil. Basta un ejemplo. La tecnología de producción de azúcar en masa, no obstante oposición de los franceses, con rapidez se transfirió a nivel mundial antes de iniciarse el siglo XX, dejando en la obsolescencia la fabricación en trapiches e ingenios semimecanizados, multiplicándose el comercio y cambiando el ranking mundial de países según el PIB. Nosotros nos beneficiamos, fue el fundamento de la segunda etapa el desarrollo azucarero que se inició en 1880.
La incertidumbre en mercados de productos y capitales, alta por la guerra de tarifa que mantiene con China, aumentó con el discurso de Trump, se tradujo como juego de suma cero, un país ganador y que pierdan los demás. Aunque con risas los asistentes rechazaron la pretensión, debemos prepararnos para un escenario extremo, me refiero a las consecuencias: reducción del consumo, inversión, flujos comerciales y del crecimiento económico mundial.
Lo inteligente es consensuar los fallos estructurales de nuestra economía que sabemos cuáles son, y concentrarnos en la discusión de reformas que terminen con los desequilibrios, los cuales surgen cuando el gasto se mantiene por encima de la capacidad de la economía. Nos encontramos en el momento adecuado, nuestras cifras económicas son buenas, la expansión del PIB debe superar su potencial (6%) a final de año, gracias al esfuerzo interno que compensa lo que resta al crecimiento el balance externo neto negativo (exportaciones menos importaciones).
El gran déficit del Gobierno ha sido el descuido en presentar reformas en áreas sensibles de la economía, que no deben confundirse con revisiones aisladas de leyes y reglamentos específicos, terminan como parches sobre parches. La coyuntura externa desfavorable recomienda cambios integrales en el sistema de pensiones, mercado laboral y en el Código Tributario. Consensuados con oposición política, hombres de empresa, transportistas y otras asociaciones, teniendo como eje el equilibrio general de la economía y preservar la solvencia poniendo en sendero descendente el porcentaje de deuda/PIB.
Reformas postergadas en más de una ocasión para privilegiar otros temas. Ahora sabemos, es lo que se ha dicho, que la Reforma Tributaria no está en la agenda del Gobierno, un error cuando se evalúa el impacto negativo que tiene el desfavorable panorama externo que enfrentamos y amenaza con empeorar si Trump sigue adelante con su política antiglobalizadora.
Hay que decirlo, tampoco la oposición política hizo su tarea. Desde hace tiempo debió tener en carpeta propuestas técnicas integrales para corregir los mencionados desequilibrios, con análisis rigurosos basados en informaciones oficiales, demostrando que preserva la estabilidad macroeconómica,atiendecrecientes demandas sociales, impulsa consumo, inversión y el crecimiento, cuidando que no sean regresivos los cambios impositivos. El trabajo no se hizo.

Por: Arturo Martínez Moya.

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