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18 de abril del 2021

Opinión

Fumigar

César Duvernay. La delincuencia y la inseguridad ciudadana (feminicidios incluidos) han dejado de ser un problema para convertirse en el síntoma de otro peor que es el de una sociedad infectada donde hay que necesariamente fumigar. El rebrote de las últimas dos semanas, con más de una decena de casos que van desde muertes, robos, […]




César Duvernay.
La delincuencia y la inseguridad ciudadana (feminicidios incluidos) han dejado de ser un problema para convertirse en el síntoma de otro peor que es el de una sociedad infectada donde hay que necesariamente fumigar. El rebrote de las últimas dos semanas, con más de una decena de casos que van desde muertes, robos, atracos y asaltos a entidades bancarias, muestran una criminalidad irreverente, abusiva, desafiante y recurrente. La ciudadanía se espanta al ver cómo los antisociales, armados, motorizados y casi siempre jóvenes, ya no respetan ni siquiera los símbolos del respeto. Que no les importa si su víctima es hombre, mujer, adulto o infante; si es de día o es de noche; si es civil, militar (mejor aún) o si está armada; tampoco si en el perímetro hay cámaras de vigilancia. La mentalidad antisocial campea. Y aunque hay una mayor prevalencia en zonas específicas, esta realidad puede ser verificable en todos los lugares del país. Algo que plantea dos urgencias combinadas donde la inmediata tiene que ser neutralizar el brote, y la segunda, atacar las causales entendiendo que por ser un problema de mentalidad y  multifactorial (situaciones económicas, disfunción familiar, permisividad judicial, educación doméstica, drogas, vicios, etc.) esta última reclama de soluciones multisectoriales cuyos resultados se verán con el paso del tiempo. Hay quienes aseguran que las razones de la delincuencia están en la pobreza y la falta de empleo y aunque el planteamiento es válido, el mismo no es concluyente porque aquí la gente no roba ni mata por comida sino para satisfacer gustos, sobre todo si sabe cómo conseguir armas y salir fácil de la cárcel, si es que llegan a entrar en ella. O sea, formación más que todo. Decir que no se está haciendo el esfuerzo sería injusto, pero a  la luz de los resultados es obvio que los mismos resultan insuficientes. Los perpetradores han retado a las autoridades; quieren medir fuerzas y éstas tienen que hacerles entrar en razón porque siempre y cuando sea dentro de la circunferencia de la ley, ninguna acción será extrema para preservar el orden público y la tranquilidad ciudadana. Así las cosas, ahora la misión tiene que ser controlar enérgicamente a gente que no aprendió ni quiere aprender a respetar las normas y dejarles muy claro que el país no puede estar a expensas de sus malévolas intenciones.

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