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08 de mayo del 2021

Economía

Gastar mejor donde realmente se deben dirigir los exiguos recursos

Por FELIX SANTANA GARCIA.     Cuando de planificación se habla se trata de prever lo que ha de suceder lo más cercano a la realidad ya que el accionar humano nunca es perfecto pero sin tregua alguna se afana por alcanzar la excelencia que nunca ha de llegar dados los cambios impredecibles que a diario se suceden […]




Cuando de planificación se habla se trata de prever lo que ha de suceder lo más cercano a la realidad ya que el accionar humano nunca es perfecto pero sin tregua alguna se afana por alcanzar la excelencia que nunca ha de llegar dados los cambios impredecibles que a diario se suceden y que el ser humano no está en capacidad de predecir todo lo que su entorno sucederá. Es de humano errar pues la visión de éste no trasciende los límites del horizonte y mucho  menos el inmenso sistema solar donde se encuentra orbitando el planeta tierra. Solo con que este mero ejemplo se tiene la idea aproximada de lo inmenso que es el universo y lo pequeño que es el ser humano. Se quisiera tener una visión global de todo lo que rodea al ser humano pero este no alcanza a mirar del otro lado de las montañas ni después del horizonte. Al formular un presupuesto se hace con las limitaciones que rodea al hombre y la mujer. Se desea predecir el futuro pero éste es impredecible o incierto. Es todo  un misterio. Basta y sobra pensar sobre la aparición de la pandemia o Covid-19 que en un solo salté amén la vida del ser humano cambió de forma radical. Quien pensaría que una enfermedad global iba a afectar la economía, la salubridad y la vida en sociedad del ser humano como lo ha hecho. Hoy los habitantes de la tierra temen acercarse los unos a los otros al extremo de tenerse asco y terror en salir contagiado de tan mortal enfermedad. El despilfarro de recursos que anteriormente se hacía de  forma  abusiva de los ingresos captados por el Estado creyéndose que se vivía en todo un paraíso terrenal y de que la ficticia bonanza que se vendía podría extenderse a futuros años sin que la economía se resintiera pero todo se derrumbó producto del Covid-19. Muchos pensaban meses pasados durante la campaña política que desarrollaba el Partido Revolucionario Moderno (PRM) hoy en el poder que ésta organización política enarbolaba la idea de recortar gastos sin  miramiento alguno cuando su candidato hoy presidente Luis Rodolfo Abinader Corona hablaba sobre el tema lo hacía en el sentido de recortar gastos donde eran innecesarios y gastar donde se requiera de forma prioritaria. En ese sentido, el presidente Abinader resalta la idea de que no es gastar menos sino gastar mejor. Siempre se dice que el problema no son los ingresos sino los gastos lo que significa  que el hecho de que ingresen muchos o pocos recursos financieros no es lo que determina que un Estado, empresa, familia o individuo sean pobres o ricos, sino su estilo de vida, sus niveles de gastos. Se comprueba que una persona es rica o pobre en función de sus demandas esto así ya que quien más actividades y estándares de vida tienen más requerimientos de dinero tendrán,  no así cuando estos se ajustan a sus verdaderos niveles de ingresos. Ahora bien esas ideas son valederas hasta que no aparecen las enfermedades  catastróficas las que erosionan los ahorros o capitales acumulados por muchos años. De ahí que  hoy se procuren más recursos financieros para hacer frente a las requerimientos de insumos para paliar la gravedad de las enfermedades, principalmente el Covid-19. Hoy se justifica el aumentar los gastos, pero gastar en lo que realmente se debe  con calidad y no gastar por gastar sino hacerlo mucho mejor, eliminando los escapes o los barriles sin fondos que por más dinero que ingresen más se gasta sin ningún criterio de economicidad. Hoy los ingresos tributarios experimentan una caída de aproximadamente de RD$63,000 millones en comparación con lo presupuestado para este año 2020, cifra alarmante cuando el país requiere gastar mejor para hacer frente a una enfermedad que hoy hace estrago día por día al aumentar el número de contagiados y muertos. Peor aún al no saberse a ciencia cierta cuándo ésta será controlada mediante el desarrollo de una vacuna que garantice la inmunización de los habitantes del planeta. Hoy los gastos públicos se colocan en más de un billón de pesos, cifra nunca pensada producto de los requerimientos de medicinas para contrarrestar la enfermedad y aliviar la situación de los hogares dominicanos ya que sus miembros no disponen de los niveles de ingresos que éstos percibían antes de la pandemia. Independientemente de que haya o no Covid-19, economistas seguidores de las teorías Keynesianas siempre abogan por gastar más y más para mantener siempre activa la economía. Hoy con más veras se propugna en gastar mejor para hacer frente a las secuelas del Covid-19. No hay forma de que se abogue en aplicar un plan de austeridad ante una enfermedad casi incontrolable que requiere que se dirijan todos los recursos hacia el sector salud para tratar de controlar tan misteriosa enfermedad. Ahora bien, existe una situación calamitosa por una enfermedad que no da tregua al ser humano pero esto no quiere decir que aunque se gaste en insumos para contrarrestar los efectos de la pandemia no se respeten los trámites de compras de dichos insumos. No es un secreto que hayan personas desaprensivas e inescrupulosas las que siempre están al acecho  para salirse con  las suyas al pescar en ríos revueltos. No dejan de existir personas  que se benefician del mal ajeno y buscan lucrarse ante la desgracia de los demás, son hasta sádicos, indolentes e insensibles pues solo piensan en su bienestar actuando siempre como Drácula o chupa sangre que nunca se sacian de ganar y ganar ante el sufrimiento de los demás. El pensar sobre el presupuesto del año próximo es una tarea delicada ya que estimar en tiempos turbulentos arropados por una enfermedad que hasta  ahora no tiene límite, no arroja buenos resultados. De lo que sí se sabe es que las fuentes de financiamientos del Presupuesto General del Estado serán bastantes altas así como los gastos educativos y de salud. Ante esa tétrica realidad el resultado económico y financiero del presupuesto no cabe duda que sea muy deficitario y por ende de mayores emisiones de deudas y contrataciones de nuevos préstamos. En lo que sí se debe estar de acuerdo con el presidente de la República es en que es menester gastar con cuidado, con calidad, gastar mejor donde realmente se deben dirigir los exiguos recursos, los cuales son siempre escasos. felix.felixsantana.santanagar@gmail.com

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