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08 de mayo del 2021

Opinión

Gestión de reputación del gobierno

Por ORION MEJIA.  Una persona, lo mismo que una entidad jurídica, conoce aún sea de manera empírica, sus principales fortalezas y debilidades, pero es posible que a ojos de grupos de intereses con los que interactúa la percepción sea muy diferente para bien o para mal. Es por eso que entes individuales o  corporativos están compelidos a […]




Una persona, lo mismo que una entidad jurídica, conoce aún sea de manera empírica, sus principales fortalezas y debilidades, pero es posible que a ojos de grupos de intereses con los que interactúa la percepción sea muy diferente para bien o para mal.

Es por eso que entes individuales o  corporativos están compelidos a gestionar  su reputación a los fines de que la percepción que emanan se aproxime a lo deseado, con el consiguiente beneficio de  consolidar una imagen  agradable y respetable  en el entorno.

Debo advertir que el gobierno a veces descuida o extravía formas de abordaje  en su  relación con los  grupos de intereses, al extremo que ruidos comunicacionales causados por incidentes en la administración pública degeneran en crisis de reputación.

Cuando una crisis  amenaza con destruir por completo la reputación de una marca, una empresa, proyecto político o dezmar la credibilidad  de un gobierno, los especialistas recomiendan promover  soluciones alternas que  alivien el problema mayor o que eviten que haga metástasis un posible cáncer de descredito.

Escuelas de comunicación y mercadeo suelen poner de ejemplo casos de empresas mineras e industrias de gaseosas, que ante el denuncias sobre daño al medio ambiente y a la salud, ejecutan programas forestales, de atención a comunidades afectadas o promueven refrescos con bajo contenido sin azúcar o crean una línea alterna de productos inocuos o energizantes.

En el caso de gestión de reputación o de prevención de crisis mediáticas, un gobierno debe mantener constante monitoreo  sobre necesidades y expectativas de los distintos grupos de intereses con los que interactúa, en el entendido de que no hay  interlocutores ni problemas grandes o pequeños, que no puedan prevenirse o conjurarse.

En algunos ruidos mediáticos, como los casos de denuncia por acoso  sexual y de prematura corrupción en dos ministerios, las autoridades  actuaron conforme al librito al suspender a los involucrados y  transferirlos al Ministerio Publico, con lo cual se libra de sus efectos perniciosos.

Lo mismo ha ocurrido con las alzas de precios, que para aliviar daños a su reputación, el gobierno asumió aumentos en los precios internos del petróleo, adquirió millones de unidades de pollo, inició conversaciones con otros productores en esfuerzo por reducir el costo de la canasta familiar.

Donde creo que se extravió la receta ha sido en los casos de la Superintendencia de Seguros, del Instituto Tecnológico Comunitario y Ministerio de la Juventud, en todos los cuales sus incumbentes maltrataron severamente la reputación del Gobierno.

No ha habido buen manejo en los temas de las tres causales ni en los procesos de selección del Defensor del Pueblo y de los miembros de la Cámara de Cuentas, cuyo descredito recaerá sobre  la figura del jefe del Estado y su gestión, a menos que no se actué con rapidez. Me gustaría volver sobre el tema.

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