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09 de mayo del 2021

Opinión

Gobernadoras

Cuando el entonces presidente electo anunció que todas las gobernaciones provinciales del país serían ocupadas por mujeres, bajo el argumento de que el liderazgo local femenino debe incentivarse y promoverse, la primera reacción fue recordarle que eso ya lo había hecho el doctor Joaquín Balaguer en 1966, como si la falta de originalidad le restara […]




Cuando el entonces presidente electo anunció que todas las gobernaciones provinciales del país serían ocupadas por mujeres, bajo el argumento de que el liderazgo local femenino debe incentivarse y promoverse, la primera reacción fue recordarle que eso ya lo había hecho el doctor Joaquín Balaguer en 1966, como si la falta de originalidad le restara validez a su anunciado propósito. Y aunque hubo aplausos y reconocimiento por el gesto presidencial, las feministas no quedaron conformes, pues consideran que se trata de un cargo donde hay muy poco que hacer, y ninguna capacidad para incidir en políticas públicas que contribuyan a mejorar las condiciones de las mujeres dominicanas. Pero las gobernaciones provinciales no tienen porqué seguir siendo cargos anodinos, de mera representación y sin ninguna incidencia en la comunidad, como acaba de demostrar la gobernadora de La Romana Jacqueline Fernández, quien ordenó paralizar la construcción del malecón que se levanta al lado de la playa Caleta bajo el alegato de que no hay licitación para esa obra, que tiene un costo de 75 millones de pesos, ni se sabe quién la construye. La funcionaria, quien alegó que el ayuntamiento le ha negado las informaciones y documentos que ha solicitado, dispuso que la obra permanezca paralizada hasta tanto el presidente Luis Abinader nombre a los representantes de Obras Públicas, Turismo y Medio Ambiente en esa provincia. A estas alturas habrá mucha gente preguntándose si la gobernadora de La Romana está facultada legalmente para hacer lo que hizo, independientemente de que puedan ser válidas las razones que, según dijo, motivaron la decisión. Por lo pronto, y en lo que la funcionaria y el ayuntamiento de La Romana se ponen de acuerdo, me gustaría creer que el episodio, lejos de ser un hecho aislado, es una señal de que las gobernadoras no estarán ahí de adorno, y que están dispuestas, en el buen sentido, a dejarse sentir.

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