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21 de abril del 2021

Política

“Gobernar es prever”

Por:Teófilo Quico Tabar. La previsión permite ver los aconte- cimientos en sus causas voluntarias Los grandes políticos y conductores han sido aquellos capaces de orientar una evolución homogénea y crear nuevas condiciones. Pero siempre cuidando la continuidad de la acción. Porque como se ha dicho y repetido “Gobernar es prever”. La previsión es la que […]




Por:Teófilo Quico Tabar.

La previsión permite ver los aconte- cimientos en sus causas voluntarias

Los grandes políticos y conductores han sido aquellos capaces de orientar una evolución homogénea y crear nuevas condiciones. Pero siempre cuidando la continuidad de la acción. Porque como se ha dicho y repetido “Gobernar es prever”.

La previsión es la que permite ver los acontecimientos en sus causas voluntarias, aceptar los impulsos favorables y neutralizar las tendencias desfavorables, para abrir nuevas perspectivas para la acción.

El ser humano permanece en medio de las circunstancias más cambiantes. Si permanece siendo él mismo, la misma persona, tiene el derecho de salvar su personalidad. A guardar su equilibrio, a desarrollar su espíritu, a cumplir sus propósitos.

Lógicamente sin dejar de entender que al realizar cada uno de sus actos, el ser humano se encadena. Se vincula con el presente, el pasado y el futuro. Y se vincula o desvincula con los marcos sociales.

Los cambios sociales se producen cuando encuentran bajo las continuidades superficiales, continuidades más profundas. Se realizan en la línea de un desarrollo histórico. Dan término a una evolución.

Permiten que fuerzas vitales aletargadas, florezcan. Mucho más cuando las élites de poder tradicional entran crisis.

La seguridad es el mantenimiento de la continuidad. Cuando algunos la quieren solamente para sí, impidiendo que los otros tengan acceso mínimo de seguridad compatible con la dignidad de la persona, con la estabilidad de la familia, con el mantenimiento de la paz social, legitiman y provocan reacciones.

Y se corren riesgos de provocar rebeldías contra un orden que quiere establecerse, si de alguna forma deja de lado derechos vitales.

La seguridad política debe estar asegurada subjetiva y objetivamente. La mejor vía para garantizarla es mediante la confianza mutua y la concordia. Pero ello supone una alta moralidad en las estructuras y élites conscientes.

Las Fuerzas Armadas, Policía, tribunales y cárceles se crean para impedir las perturbaciones del orden. Pero el orden social que pretende descansar principalmente en la policía o aparatos de represión, son solo aparentes.

Es necesario por tanto empeñar y comprometer todos los esfuerzos para rehacer costumbres, métodos de educación, instituciones, tradiciones, estructuras que vuelvan a equilibrar al hombre, a la familia, a la economía y a la política.

A todo el conjunto que sirve de marco a la vida humana. No por un simple retorno a equilibrios estáticos, sino por el acceso a equilibrios dinámicos regidos por una racionalización objetiva.

El gran compromiso de la civilización en nuestro tiempo es rehacer esos equilibrios. Devolver a los seres humanos y a las comunidades, estabilidad y seguridad.

Pero junto al necesario principio de moral personal y de moral social, debe salvaguardarse el equilibrio.

Porque las personas o los grupo que pierden el equilibrio, pierden lo esencial, su razón de ser.

Muchas veces el peligro para las sociedades y gobernantes ha consistido en la ruptura de los equilibrios.

Permitiendo así la creación de situaciones que, luciendo nuevas o imprevisibles, se conviertan en incomprensibles frente a los seres humanos.

Lo que de alguna manera hace que los que controlan las cúpulas de poder social, económico y político corran el riesgo de no poder dominarlo.

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