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18 de mayo del 2021

Política

Hacia la transparencia (II).-

De buenas intenciones y, mejores leyes, están empedrados los tortuosos caminos hacia la transparencia para una democracia que, como la dominicana,  arrastra demasiados vicios y taras, culpa talvez de una “tradición  autoritaria” que se ha convertido en el   chivo expiatorio por excelencia  para justificar  nuestra falta de voluntad para  hacer las cosas bien.  Por eso […]




De buenas intenciones y, mejores leyes, están empedrados los tortuosos caminos hacia la transparencia para una democracia que, como la dominicana,  arrastra demasiados vicios y taras, culpa talvez de una “tradición  autoritaria” que se ha convertido en el   chivo expiatorio por excelencia  para justificar  nuestra falta de voluntad para  hacer las cosas bien.  Por eso es necesario que, a las puertas de un cambio tan importante como el que imponen a los partidos las nuevas leyes electorales, la JCE redoble sus esfuerzos de vigilancia y fiscalización, ya que nuestra partidocracia, que ha actuado con tanta mano suelta durante tanto tiempo, intentará casi por inercia salirse por la tangente para poder seguir haciendo de las suyas, sobre todo aquellos que solo saben ganar con trampa o con todos los factores a su favor, incluido el árbitro. Eso implica  ponerle atención a la denuncia del Foro Permanente de Partidos Políticos de la República Dominicana (Foppredom) de que “la vieja práctica” de la compra de cédulas  está resurgiendo “con fuerza inusitada”. La entidad no aportó, como hubiera sido lo deseable, las pruebas de su denuncia, como tampoco identificó a quienes están en eso, pero conociéndonos como nos conocemos no puede descartarse que haya gente pensando en poner en marcha esa  “estrategia” en su  propósito de “ganar-ganar”  a cualquier  precio y por la vía que sea. Por eso es muy probable que en las primarias del seis de octubre volvamos a presenciar  el vergonzoso espectáculo al que los partidos nos tienen acostumbrados durante las elecciones generales, convirtiendo los  alrededores de los centros de votación en mercados al pregón donde se compran y se venden conciencias  al mejor  postor. ¿Puede la compra de cédulas y sus patrocinadores frustrar los esfuerzos por transparentar los procesos electorales y mejorar la calidad  de nuestra democracia? Sería una lástima que así fuera, pero  también una tragedia que la JCE no pudiera impedirlo.

Por: Claudio Acosta.

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