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11 de mayo del 2021

Política

Hacia una moral de la ambigüedad

Por:Luis Scheker Ortiz El pasado miércoles de Semana Santa apareció una aclaración del presidente de la Cámara de Diputados apoderada del proyecto de Reforma del Código Penal que prácticamente pasó desapercibida, no obstante su importancia. El horrendo crimen cometido el día anterior fue la ingrata que conmovió la consciencia nacional y la reacción del presidente […]




Por:Luis Scheker Ortiz

El pasado miércoles de Semana Santa apareció una aclaración del presidente de la Cámara de Diputados apoderada del proyecto de Reforma del Código Penal que prácticamente pasó desapercibida, no obstante su importancia. El horrendo crimen cometido el día anterior fue la ingrata que conmovió la consciencia nacional y la reacción del presidente Luis Abinader, igualmente indignado y visiblemente molesto por el asesinato de una joven pareja de esposos recién casados que regresaban a su hogar luego de predicar la palabra divina en un culto religioso celebrado en Villa Altagracia, San Cristóbal, crimen cometido según confiesa el grupo de matones de la Policía Nacional, oficiales y rasos el haber cumplido “por error” órdenes de matar de sus superiores, algunos probablemente incluidos en el retiro de 350 oficiales de la PN, lo que obliga al Ministerio Público a una investigación a fondo para desenmascarar a los autores intelectuales, pues la pena de muerte está tajantemente prohibida por el Artículo 37 de la Constitución de la República.


Aquella explicación del presidente de la Comisión de Reforma al destacar que “existe un largo listado de reformas del actual Código Penal, detallando con precisión su contenido y causa pretende de manera sutil y taimada a la vez, desnaturalizar y restarle importancia a las tres causales eximentes que despenalizan el aborto y constituyen derechos fundamentales consignados en el su articulado de nuestra Constitución tal sido reseñado en numerosas ocasiones por estudiosos expertos en la materia, independientes de todo compromiso que no sea poner de manifiesto la verdad y legitimidad de las tres causales.


Ese zigzagueo que pretende desconocer la libertad individual y colectiva de la caña pensante en realidad no existe “cuando se extravía, se disipa y se desmiente a sí misma”, como diafaniza soberbia la escritora Simone de Beaauvoir, en su libro “Para una Moral de la Ambigüedad” que versa sobre las diferentes posturas del hombre, citando filósofos de antaño y de actualidad que, de acuerdo con Paul Sartre, “El ser y la nada”, define fundamentalmente a “ese ser cuyo ser consiste en no ser”, “esa subjetividad que no se realiza más que como presencia en el mundo». Una libertad que niega la libertad debe ser negada”.


Ninguno de los asuntos contemplados en el proyecto de reforma del Código Penal, tiene el valor, la transcendencia y virtudes de las tres causales. Ninguno ha suscitado tanta firmeza y determinación de sus defensores como tan cruel rechazo de quienes pretenden imponer sus creencias religiosas en un combate irracional, falto de valores éticos, que carece de razón en un escenario donde la libertad de cultos y de conciencia debe respetarse y prevalecer.


Cada vida es única e irrepetible. Ninguna es igual a otra. La libertad guía los pasos de cada quien, para bien o para mal. El derecho a la vida y a la dignidad de toda persona, mujer y hombre, es sagrado, así lo reafirma la Constitución. “La nación está obligada a conservar y proteger por medio de leyes sabias y justas la libertad personal, civil e individual, así como la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen”. Juan Pablo Duarte.

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