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24 de junio del 2021

Opinión

“Hágase en mí según tu palabra”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo C 23 de diciembre, 2018. a) Del libro de Miqueas  5, 1-4. Miqueas en hebreo significa, “¿Quién como Dios?”, profeta encargado de transmitir la voluntad de Yahveh, hombre humilde, nacido en la ciudad filistea de Gaza, una aldea de Judá, donde las montañas centrales […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.

Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo C 23 de diciembre, 2018.

a) Del libro de Miqueas  5, 1-4.

Miqueas en hebreo significa, “¿Quién como Dios?”, profeta encargado de transmitir la voluntad de Yahveh, hombre humilde, nacido en la ciudad filistea de Gaza, una aldea de Judá, donde las montañas centrales comienzan a descender hacia el mar, a unos 45 kms. al suroeste de Jerusalén. Como todos los pueblos pequeños fronterizos, igual que Tecoa, la patria de Amós, eran las víctimas preferidas de los grandes terratenientes, de la soldadesca en caso de guerra y de los impuestos tributarios.

Era contemporáneo de Isaías, Oseas y Amós. Es importante su condena absoluta del templo y de sus sacrificios, de Jerusalén y sus dirigentes. El trasfondo histórico de su predicación es el mismo que el de sus tres contemporáneos. El prostituido ambiente del impío Ajaz con su esposa Jezabel, y el esperanzador esfuerzo de Ezequías por extirpar la malicia de Judá. En ese esfuerzo reformador tuvo parte importantísima y un influjo decisivo el profeta Miqueas.

El profeta ha anunciado la destrucción del reino de Israel y del reino de Judá como castigo por sus pecados. Se refiere a la humilde comunidad de Belén (Betlehem = Casa de pan) donde nació David y con él la expectación del Mesías salvador. Lo que dice del Mesías, “de tí saldrá el jefe de Israel”, es lo característico de los tiempos mesiánicos, él será el jefe-pastor davídico, su gobierno será realizado en virtud de la fuerza del Señor y su reino será un reino de paz.

Una hermosa descripción del futuro Mesías, que encontró su realización plena en Jesús el betlemita, cuyo reino, predicado e iniciado por Él, ya está en marcha hacia su consumación escatológica. La profecía, lo mismo que traspasó la barrera del tiempo de Miqueas hasta alcanzar a Jesús, así también ha traspasado el tiempo de Navidad para realizarse diariamente en la vida de cada persona que renace por el Bautismo. Belén, el símbolo de la pequeñez, se ha convertido en prototipo de cuanto es grande a los ojos de Dios.

b) De a los Hebreos 1, 1-10.

Dice el P. Schˆkel que esta carta-tratado alterna la exposición con la exhortación. Desde su sublime altura doctrinal, el autor contempla admirables y grandiosas correspondencias. La primera, entre las instituciones del Antiguo Testamento y la nueva realidad cristiana. La segunda media entre la realidad terrestre y la celeste, unidas y armonizadas por la resurrección y glorificación de Cristo.

Su tema principal, provocado por la situación de los destinatarios, es el sacerdocio de Cristo y el consiguiente culto cristiano. A la nostalgia de una compleja institución y práctica judías opone el autor no otra institución ni otra práctica, sino una persona, Jesucristo, Hijo de Dios y hermano de los hombres. Es el gran mediador, superior a Moisés; es el sumo sacerdote, que ya barruntaba la figura excepcional y misteriosa de Melquisedec.

Jesucristo es el mediador de una alianza nueva y mejor, anunciada por Jeremías. Su sacrificio, insinuado en el salmo 40, es diverso, único y definitivo; inaugura, ya para siempre la perfecta mediación de quien es, por una parte, verdadero Hijo de Dios y por otra, verdadero hombre que conoce y asume la fragilidad humana en su condición mortal. Su sacerdocio consiste en una misma vida ofrecida como don de amor a Dios su Padre, a favor y en nombre de sus hermanos. Una vida marcada por la obediencia y solidaridad hasta el sacrificio ultimo.

c) Del Evangelio según  San Lucas 1, 38-45.

En este párrafo el evangelista San Lucas nos narra la visita de María a su prima Isabel. Me parece justo citar la nota que el autor de “La Biblia de nuestro pueblo” presenta a propósito de este texto. Cito: “Casi nunca la historia narra los acontecimientos simples y sencillos de los pobres. Pues aquí encontramos una excepción”.

A pesar de ser Lucas un historiador, no se ha dejado arrastrar por la tendencia a resaltar las obras de los grandes y poderosos de la tierra, él ha querido mostrar los detalles simples de una realidad que aparentemente no tiene ningún puesto en el desarrollo histórico de una sociedad que sólo considera importante lo que hacen los grandes, los de renombre, los que se creen a sí mismos únicos protagonistas de la historia.

Aquí el protagonismo, si se puede hablar así, es de dos mujeres, personajes ya de por sí devaluados en una sociedad machista patriarcal, dos niños que aún sin hacer nada ya están llamando la atención del autor, y el Espíritu Santo, que llena de gozo a Isabel para bendecir a su parienta María, y al fruto de su vientre y para cantar las grandezas del Señor.

María e Isabel, personajes que no cuentan mucho en la sociedad, solamente como medio de multiplicación y prolongación del nombre del varón, se encuentran, y este encuentro, más que una simple visita familiar, es la ocasión para que Lucas establezca mediante el recurso de la teología narrativa, una enseñanza sobre la manera cómo Dios actúa en la historia humana y a través de qué tipos de personas actúa, esto es, en el fondo lo que proclama Isabel en las palabras que dirige a María y es también lo que refrenda María y lo explica mejor en su canto que la tradición consagró como el “Magníficat”. En él, Lucas constata cómo los grandes y poderosos se esfuerzan por conducir la historia bajo los criterios del poder, del tener y del dominio, dejando de lado una estela de empobrecidos y excluidos. (Cfr. La Biblia de nuestro pueblo, Introducción, P. Luis Alonso Schˆkel, S.J. Nota – comentario al texto del evangelio de San Lucas que hoy se lee en el 4∫ Domingo de Adviento).

Ante la cercanía de la conmemoración del Nacimiento del Niño Dios, aprovecho para desear a los amigos lectores una ¡Feliz y Bendecida Navidad!

Fuente: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo.
B. Caballero: En las
Fuentes de la Palabra.
R. Cantalamessa:
Echad las Redes.

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