20 de septiembre del 2021

Opinión

¡Hasta cien barriles de estiércol!

Miguel Guerrero (2 de 2)A los presidentes de los países democráticos, como es el caso nuestro, se les exige una tolerancia extrema y es obvio que el sistema no funcionaría si ella no se diera en la medida que se le reclama. Y lo cierto es que “los cien barriles de m…..”, que un mandatario […]




Miguel Guerrero

(2 de 2)
A los presidentes de los países democráticos, como es el caso nuestro, se les exige una tolerancia extrema y es obvio que el sistema no funcionaría si ella no se diera en la medida que se le reclama. Y lo cierto es que “los cien barriles de m…..”, que un mandatario autoritario como lo era Balaguer debía tragarse casi a diario, era y sigue siendo el fundamento básico y la más firme garantía de un estado de derecho y respeto a las ideas ajenas, sin los cuales es imposible imaginarse el juego político democrático.
Lo que a muchos cuesta imaginar es que frecuentemente la tolerancia que exigimos al gobierno y a sus funcionarios es mucho mayor de la que normalmente se les pide, si es que se les pide, a los demás actores políticos, como a la dirigencia sindical, a los líderes empresariales y, por supuesto, a la alta dirigencia de los partidos. Un Presidente no puede ni debe mostrar públicamente su enojo por un editorial, no importa de qué se le acuse, a menos que no esté dispuesto a pagar el precio de su disgusto, lo que a menudo trae severas consecuencias en términos de popularidad y credibilidad.

No importa que al frente de la casa de gobierno se le grite corrupto, ladrón y hasta asesino, obligándose a guardar la compostura y tragarse cuando escuche o lea, a despecho de que lo sea o no. Por eso muchos dicen que es más cómodo y seguro estar en la oposición, porque a nadie allí se le critica el silencio y no se está obligado a responder cuestionamiento alguno. Por eso, las ventajas del poder, la fama y riqueza que suelen traer consigo, no compensan los “cien barriles de m…..” que un gobernante, por necesidad, está obligado a engullirse casi a diario al leer un editorial o asimilar una injuria de quienes se creen con derecho a usar las libertades democráticas para socavarlas.

No puedo imaginarme la carga de presión y estrés que un Presidente lleva todos los días a su casa cuando sale de su despacho. (Serie publicada originalmente el 28 y 29-11-19).

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