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18 de abril del 2021

Opinión

Hay tiempo

Luis Encarnación Pimentel. Por más descomposición y males que advirtamos en la sociedad, siempre estaríamos a tiempo de ir atenuando y corrigiendo defectos, violaciones e irregularidades, si ciudadanos y autoridades coinciden en una  voluntad y disposición resueltas de hacerle frente a lo que no está  bien y hace daño a todos. El mal mayor -porque […]




Luis Encarnación Pimentel.
Por más descomposición y males que advirtamos en la sociedad, siempre estaríamos a tiempo de ir atenuando y corrigiendo defectos, violaciones e irregularidades, si ciudadanos y autoridades coinciden en una  voluntad y disposición resueltas de hacerle frente a lo que no está  bien y hace daño a todos. El mal mayor -porque todo estaría perdido- , sería tener una comunidad indiferente e indolente, que se quedara de brazos cruzados y que todo le diera lo mismo. Aun cuando no falte gente de esa pasta -porque en un gran colectivo humano hay de todo-, por suerte, siempre aparecen ciudadanos simples del pueblo y representantes de los órganos públicos con responsabilidad, vocación de servicio y capacidad de sacrificio, que abogan por lo correcto y porque la ley y el orden sea la norma. Es, además del deber ciudadano o de la responsabilidad personal desde un cargo público, un asunto de conciencia, donde cada quien debe hacer lo suyo, lo que le corresponda, dependiendo del rol que le toque desempeñar en un momento dado. Por ejemplo, la actual dirección general de la Policía Nacional acaba de enviar dos buenas señales -que adiciona a otras positivas anteriores-, cuando investigó y encontró responsabilidades en el caso de dos agentes que balearon y dejaron desangrar a un joven; y en un teniente coronel implicado en la violación de un joven de 19 años en una cabaña de la parte oriental de la ciudad (¿). A los dos primeros se les canceló y envío a la justicia; mientras que al oficial se le recomendó una cancelación forzosa. Es esperable la parte de la penalidad no anunciada, porque hubo una violación, y esta amerita -por lo mismo de los ejemplos, que aquí hay que ir dando en todo- que el responsable sufra las consecuencias (y me da pena por alguna gente que pueda tener su enfermedad o debilidad -porque de eso se trata- tapada y que, de la peor forma, un día le sea descubierta). Con este proceder el titular policial envía un oportuno mensaje a todo el personal. A partir de ahí, el que se equivoque es porque quiere, y sabe lo que le espera. Como también, la lección dada con el abusador visto en las redes agrediendo brutalmente a una niña de catorce años, con uniforme y mochila encima; y tras un seguimiento (que siempre debía darse) las autoridades lo enviaron a la cárcel de La Victoria. ¡Bien trancado! Queda por resarcir  -y penalizar- lo del letrero que le cayó en la cabeza y puso en peligro la vida de un ciudadano, poeta por demás. Cabe una demanda al Ayuntamiento que, buscando arbitrios, ha abusado y sigue abusando, autorizando letreros en avenidas, isletas y salidas de la ciudad, en una franca y penosa agresión visual.

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