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21 de abril del 2021

Opinión

Hipólito y Odebrecht

Orlando Gil. EL MOTIVO.– A menos que venga Odebrecht y señale con un dedo y las pruebas en la otra mano, a las autoridades dominicanas se les hará difícil desentrañar el entramado de corrupción promovido o sustentado por la constructora brasileña. Cuando se pensaba que el proceso implicaría tres administraciones, la noche del lunes Hipólito […]




Orlando Gil.
EL MOTIVO.- A menos que venga Odebrecht y señale con un dedo y las pruebas en la otra mano, a las autoridades dominicanas se les hará difícil desentrañar el entramado de corrupción promovido o sustentado por la constructora brasileña. Cuando se pensaba que el proceso implicaría tres administraciones, la noche del lunes Hipólito Mejía desligó su gestión de tratos con la empresa. No fue una intervención feliz en los términos del debate, pues la gente no se conforma más que con nombres y sobre todos con presos. Aunque queda la inquietud. ¿De qué se enteró Mejía que lo obligó a adelantarse y poner distancia con el affaire y no esperar el resultado de las pesquisas de la Procuraduría? El motivo aparentemente moral, pero la circunstancia política. Está corriendo para la candidatura presidencial del 2020, y conviene cubrirse de posibles emboscadas. Odebrecht es un arma de destrucción masiva, y no solo importan sus efectos en el plano jurídico, sino principalmente en el político. ¿Cuántas candidaturas perderán su oportunidad, o de lanzarse, caer al vacío?… SEGUNDA FASE.- La pregunta de qué supo Hipólito Mejía para irse alante y no dejar que le coja la noche en el camino, no es ociosa. El Procurador estaba supuesto a iniciar ayer la segunda fase de su investigación, y se supone que lo hará en mejores condiciones que la primera, o con un ánimo más decidido. Incluso se filtró que como consecuencia de sus indagatorias, así como de informaciones sueltas recogidas en su viaje a Brasil, estaría preparando “expedientes fuertes”, y poco antes se había usado la palabra “contundente”. Así las cosas, ya no solo bastaba con poner las barbas en remojo, sino confesarse, no fueran a agarrarlo sin la gracia de Dios. ¿Puede Mejía absolver por sí mismo su persona o su administración de pecados que aunque están en el Catecismo la sola confesión no redime? Insisto en la parte política, pues en otros países, además de la persecución individual, se reparte lodo a gobernantes, exgobernantes y dirigentes o personalidades de toda condición. Nadie le ha salido al paso hasta ahora (momento en que escribo estas notas), pero en política lo absoluto no tiene cabida y se dice que en ese ámbito todo es relativo… EL APLAZAMIENTO.- La teoría de la conspiración recorrió las redes, las esquinas y las redacciones de los periódicos digitales. En todos o por todos se dijo que el PLD había pospuesto su reunión del Comité Político para dejar la cancha libre a Hipólito Mejía, aunque se daba una razón equívoca. Este dispararía sus cañones contra un solo objetivo: Leonel Fernández. De ser así, Mejía faltó al compromiso, o ese compromiso nunca existió. No es lo mismo entrever que dejar ver. La fábula hace maravillas por estos días, y hay un afán por advertir colusión donde solo coincidencia. Maldad aparte, no es verdad que el PLD va a dar ventaja a nadie en un asunto de quiebre. Cada cual buscará medios de defensa, pero la circunstancia no es para estrategias de recambio. El PLD deberá indagar, someter y condenar a responsables o culpables, pues de no hacerlo, las consecuencias políticas serán todas suyas. Ahora no hay tablero, solo fichas, y estas deberán hacer su propio juego. La salvación es en el cielo, pero no cae del cielo… MÁS DE 100 AÑOS.- La impresión que se tiene es que Odebrecht es lo peor que le puede haber pasado a este país, y que no hay manera de que pueda brincarse el episodio y seguirse como si nada hubiera ocurrido. Que es la constante de la historia dominicana. Empieza a circular el primer tomo del libro 172 años de corrupción en la República Dominicana (1844-2016), de Cándido Gerón, y nunca una obra fue más oportuna. La corrupción en este país se inició con el advenimiento de la República, y si se quisiera ir más atrás, pueden encontrarse capítulos de tiempos de la colonia. Aunque importa de 1844 para acá, y conocer de entrada a tres portentos en el siglo XIX: Pedro Santana, Buenaventura Báez y Ulises Heureaux, una galería de horror y vergüenza. Los jóvenes que ahora marchan de verde posiblemente piensen que el robo y la impunidad es un asunto de estos días, y lamentablemente no. Como el pecado original, vino con el nacimiento. La corrupción y la impunidad, así consideradas, no pueden extirparse con cuchillas de afeitar, si acaso con estiletes, pues el tumor es grande y la piel muy dura…

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