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22 de abril del 2021

Política

¿Hubo negligencia criminal en la pandemia?

ANDRES OPPENHEIMER.  La Organización Panamerica­na de la Salud acaba de hacer el escalofriante anuncio de que el número de muertes por COVID-19 en las Américas ha superado el mi­llón, o sea casi la mitad de to­das las muertes por la pande­mia en el mundo. Eso me lleva a plantear una inquietante pregunta: ¿Hubo negligencia criminal […]




ANDRES OPPENHEIMER.
 La Organización Panamerica­na de la Salud acaba de hacer el escalofriante anuncio de que el número de muertes por COVID-19 en las Américas ha superado el mi­llón, o sea casi la mitad de to­das las muertes por la pande­mia en el mundo. Eso me lleva a plantear una inquietante pregunta: ¿Hubo negligencia criminal por parte del ex pre­sidente Donald Trump y los presidentes de México y Brasil por haber minimizado la pan­demia? Lo que hicieron estos tres mandatarios al negarse a usar cubre bocas y burlarse de la pandemia durante gran par­te del año pasado, mucho des­pués de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificara públicamente al CO­VID-19 como una enfermedad mortal, probablemente llevó a muchas muertes que hubieran sido evitables. No creo que sea casualidad que Estados Unidos, Brasil y México sean los tres países del mundo con más muertes por COVID-19. El continente ame­ricano tiene apenas el 10 por ciento de la población mun­dial y casi el 50 por ciento de las muertes por COVID-19 en el mundo, según datos de La Universidad Johns Hopkins. Lo que hicieron Trump, el presidente brasileño Jair Bolsonaro y el presidente de México, Andrés Manuel Ló­pez Obrador, al restarle impor­tancia a la pandemia, fue mala praxis política en el mejor de los casos, y negligencia crimi­nal en el peor. Ya en febrero de 2020, cuando la pandemia recién comenzaba, Trump le dijo al periodista Bob Woodward en una entrevista grabada que el COVID-19 es “algo mortal” y que había optado por “mini­mizar” la pandemia para no asustar a la gente. La principal preocupación de Trump no era salvar vidas, sino prevenir un colapso de la bolsa de valores que pudiera perjudicarlo en las elecciones de noviembre. Durante varios meses, Trump siguió burlándose de quienes llevaban máscaras fa­ciales y diciendo que la pan­demia estaba a punto de aca­barse. El 17 de abril, más de un mes después de que la OMS declarara que el COVID-19 era una pandemia, Trump tui­teó “¡Liberen Michigan!”, pi­diéndole a sus seguidores que se resistieran a la decisión de Michigan y otros dos estados de restringir las reuniones pú­blicas para detener la pande­mia. Para entonces, 38,000 estadounidenses ya habían muerto de COVID-19. El 21 de septiembre, Trump afirmó que el COVID-19 “no afecta prácticamente a nadie”. Cuando dejó el cargo el 20 de enero de este año, 400,000 es­tadounidenses habían muer­to de coronavirus, más que en ningún otro país del mundo. En México, López Obrador también minimizó la pande­mia desde el principio. Se ne­gó a usar cubre bocas, dijo que los mexicanos debían abrazar­se sin temor al contagio, y que él se protegía del coronavirus llevando amuletos religiosos. En Brasil, Bolsonaro tam­bién se burló repetidamen­te de las recomendaciones de los científicos de usar más­caras faciales y expresó su es­cepticismo sobre las vacunas COVID-19. Quizás, no sea sor­prendente que los tres amigos - Trump, Bolsonaro y López Obrador - se contagiaron del virus. Muchos expertos legales di­cen que sería difícil condenar a Trump por negligencia crimi­nal. Los fiscales tendrían que demostrar un vínculo directo entre las palabras de Trump y la muerte de una víctima es­pecífica, lo que sería difícil de establecer. Otros expertos le­gales dicen que Trump podría ser objeto de demandas civi­les en busca de daños mone­tarios. Pero dudo que nada de es­to tenga éxito. Lo que quizás sea la mejor solución sería una censura del Congreso, o crear una Comisión de la Verdad bipartidista dirigida por una figura ampliamen­te respetada para establecer qué cosas se hicieron mal, y quién fue el responsable. Después de todo, hubo mu­chos más estadounidenses muertos de COVID-19 de los que murieron peleando en la Segunda Guerra Mundial. No sabemos cuántas de las muertes por COVID-19 se de­bieron a la negligencia políti­ca de los presidentes que mini­mizaron la pandemia. Pero les debemos a los fallecidos ase­gurarnos de que ningún futu­ro presidente niegue la ciencia y minimice una pandemia.

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