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21 de abril del 2021

Opinión

Humillación

Luis Encarnación Pimentel. En lo que el Comité Político del PLD  tomaba  ayer  una decisión con respecto a la Ley de Partidos y la Electoral -que se esperaba que fuera de consenso, que preservara la unidad interna y contribuyera al fortalecimiento institucional del régimen de partidos, prefiriendo que los eventos partidarios se realicen con el […]




Luis Encarnación Pimentel.
En lo que el Comité Político del PLD  tomaba  ayer  una decisión con respecto a la Ley de Partidos y la Electoral -que se esperaba que fuera de consenso, que preservara la unidad interna y contribuyera al fortalecimiento institucional del régimen de partidos, prefiriendo que los eventos partidarios se realicen con el listado de miembros de cada organización-, hicimos un alto en la temática acostumbrada en este espacio de martes y sábado para abordar un detalle que, aunque  propio de la crónica de arte, lo hemos observado penosamente en unas tres oportunidades y lo consideramos humillante al artista criollo, sin entender por qué los cronistas de espectáculos lo han pasado por alto o han dado la callada por respuesta. Nos referimos a la contraparte o “relleno” (así es como aquí  se les pone, se les ve y les trata) local que los promotores de eventos con artistas internacionales buscan como una especie de cumplido, pero la que no se menciona en la promoción del evento, no se le anuncia al abrir el espectáculo, y en ocasiones tiene el artista criollo que aparecer pegado a un gran telón que tapa por completo el escenario reservado a la figura central. Generalmente se trata de jóvenes, muy buenos, brillantes, a los que el publico aplaude y se queda con la lastimosa curiosidad-pregunta: ¿como se llama? En lo personal, me pasó una vez en el Teatro Nacional, una segunda en el centro de eventos de San Souci, y una tercera (¿), el sábado en el Fiesta hotel Jaragua, con la joven dominicana, buena y prometedora también, que Cesadito, el hijo del amigo César Suárez buscó para la apertura del espectáculo de la inmensa Yuri, gran ser humano y artista de voz privilegiada. El espectáculo no pudo ser mejor, no faltó nada, solo el nombre de la joven contraparte de la artista mexicana. Leyendo ayer a Alfonso Quiñónez en Diario Libre, me enteré que la  cantante nuestra se llama Kiara Franco, y de quien el cronista de origen cubano y ya “aplatanado” aquí dijera que “tiene bonita voz, cálida y puede conectar”, aunque para “ayudarla” le agregó: “Pero la imagen fatal, como si acabase de salir de la universidad”. Con el perdón del especialista, pero otra vestimenta le costaría más de lo que le pagarían. Ella, sin nombre (un atropello a corregir), fue a cantar y lo hizo bien.

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