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17 de abril del 2021

Opinión

Inmolación de un presidente

Hasta dónde está dispuesto a ir el presidente Danilo Medina en el afán de mantenerse en el poder? El discurso del mandatario augura una densa atmósfera política. Nubarrones que se preñan con la vocinglería reeleccionista de sus más cercanos colaboradores palaciegos. Esta pesada atmósfera llega tras el Tribunal Constitucional haber declarado en septiembre del año […]




Hasta dónde está dispuesto a ir el presidente Danilo Medina en el afán de mantenerse en el poder? El discurso del mandatario augura una densa atmósfera política. Nubarrones que se preñan con la vocinglería reeleccionista de sus más cercanos colaboradores palaciegos. Esta pesada atmósfera llega tras el Tribunal Constitucional haber declarado en septiembre del año pasado que es inadmisible declarar inconstitucional la Constitución para suprimir la cláusula transitoria que prohíbe una segunda reelección. “Estoy dispuesto a pagar el precio que haga falta por servir a nuestra patria”, fue la frase lapidaria que cortó el aire ayer de quienes veíamos el discurso presidencial. Un amigo del Presidente, que veía desvanecer el humo del cigarro frente a su televisor, recordó la opinión infortunada que tenía el mandatario antes de 2012 de los terceros períodos presidenciales: “no es el mismo de quien oí decir en un restaurante del parque del Mirador Sur que los terceros períodos son catastróficos para los presidentes”, exclamó. En los 175 años de historia republicana, este país ha cantado al ritmo azaroso del merengue “Váyase en paz” más de la mitad de su precaria vida institucional. En 1927, el viejo caudillo Horacio Vásquez reunió la Asamblea Revisora de la Constitución y en menos de 15 días se hizo prolongar su mandato presidencial por dos años más que lo que preveía el Pacto Político, hasta 1930. Ese fue el preludio de una larga noche de 31 años de oprobio que encabezó su jefe militar, Rafael Leonidas Trujilllo. Vásquez había jurado respetar el Tratado de Evacuación que funcionaba como pacto constitucional a la salida de la ocupación norteamericana en 1922 y bajo el cual se instaló el gobierno de Juan Bautista Vicini Burgos que dio paso a las elecciones del 1924, en las que fue elegido por cuatro años. Sin embargo, sus apetencias irrefrenables de poder le llevaron a no respetar la letra del Pacto y a prolongarse en la presidencia más allá de lo razonable. Ante la posibilidad de volver a transitar los vericuetos escabrosos de ese continuismo irrefrenable, hoy el PLD y la nación han contenido la respiración, pues no es una buena noticia si el 70% de la población rechaza la reforma constitucional para la reelección. Pese a ello, los mentideros políticos dan cuenta de que en la reunión del próximo lunes del Comité Político del PLD se podría presentar una moción reeleccionista. Los dominicanos, hartos de caudillismo, no deseamos volver a tropezar con la misma piedra. Un intento de reelección generaría una coyuntura de ilegitimidad de origen que pudiera hacer perder todo cuanto se logrará en los ocho años de gobierno que deben concluir en mayo del 2020. Sería una inmolación política del Presidente.

Por:

Namphi Rodríguez .

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