República Digital - Indotel Anuncio

09 de mayo del 2021

Opinión

Insolentes palabras

César Duvernay. Como era de de esperarse, las declaraciones de la nominada embajadora norteamericana para nuestro país, Robin Bernstein, en el sentido que vendría a República Dominicana a trabajar por los nacionales haitianos afectados por la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, ha desatado el rechazo y la indignación colectiva. Para la empresaria y quien de […]




César Duvernay.
Como era de de esperarse, las declaraciones de la nominada embajadora norteamericana para nuestro país, Robin Bernstein, en el sentido que vendría a República Dominicana a trabajar por los nacionales haitianos afectados por la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, ha desatado el rechazo y la indignación colectiva. Para la empresaria y quien de ser confirmada por el congreso estadounidense sería la segunda mujer en el puesto en nuestra historia, dicha resolución constitucional puso en condición de apátridas a esos haitianos. Palabras, amén de falsas e injustas,  preocupantes no tanto por el contenido sino por el trasfondo de las mismas. Y es que lo externado por Bernstein establece, al margen de una postura personal, la posición del gobierno y de una parte importante del congreso y el establishment de esa nación. Por tanto, lo externado por la futura funcionaria debe ser visto más que como la insolencia que es, como un mensaje de lo que viene y ante lo que tenemos que prepararnos pero con táctica y estrategia. Un escenario donde sin renunciar a la firmeza,  la mesura debe sobreponerse a la emoción y donde cualquier acción no debe estar impulsada por la provocación. Hay voces que ante la imprudencia de Robin Bernstain sugieren negarle el placet o agreement diplomático. Sin embargo, y aunque esto es un derecho que nos asiste como estado receptor, la diplomacia es un plato que se come frío, siempre calculando los hilos que la intercomunican, pero sobre todo las realidades existentes. Y una de esas realidades  es que si esto obedece a una política de Estado cualquier embajador que venga la va a ejecutar aunque con menos desparpajo que Bernstein. Y la otra, muy a tomar en cuenta, es que nosotros tenemos una diáspora de casi dos millones de dominicanos en Estados Unidos que nos obliga a sobrellevar relaciones inteligentes con el principal socio comercial. Obviamente que armonía no significa genuflexión ni pérdida de soberanía, y así como ellos manifiestan su punto de vista, nosotros tenemos que hacer valer los nuestros, cumplir nuestras leyes y establecer nuestros propios parámetros en cuanto a migración, frontera, control y ciudadanía... tal cual como lo hacen ellos.

Noticias destacadas