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13 de abril del 2021

Economía

Institucionalidad es clave para desarrollo económico

Ramón Núñez Ramírez. Los países que ingresaron a la primera revolución industrial y hoy se encuentran transitando la cuarta  fueron sociedades inclusivas en lo político y en lo económico y con instituciones que funcionaban; las que se quedaron atrás fueron sociedades de regímenes absolutistas, sin respeto a los derechos de propiedad y hoy en día […]




Los países que ingresaron a la primera revolución industrial y hoy se encuentran transitando la cuarta  fueron sociedades inclusivas en lo político y en lo económico y con instituciones que funcionaban; las que se quedaron atrás fueron sociedades de regímenes absolutistas, sin respeto a los derechos de propiedad y hoy en día el salto al desarrollo   depende, entre otros aspectos, del  capital  humano y  el grado de institucionalidad. Hace muchos años leí un libro que me permitió afianzar esos conceptos, se trató de la Obra “Why  Nations Fail?” (“¿Por qué las naciones fallan?”) de la autoría de Daron Acemoglu y James A. Robinson. Este libro explica como los nobles Ingleses comenzaron a reducir el poder del monarca creando el parlamento, luego de la revolución de 1688 paulatinamente los comerciantes y clases medias lograron tener participación en la elaboración de las leyes; esa sociedad se hizo inclusiva en lo político y lo económico, se respetaron las reglas de juego, los derechos de  propiedad y las patentes y por ello James Watt, el inventor de la máquina de vapor, nació en Inglaterra, cuna de la 1ª revolución industrial, y no en Rusia, España y otros imperios. Ese libro también  explica como el absolutismo y sociedades no inclusivas en Rusia, el imperio Austro-Húngaro o el imperio Otomano llegaron tarde a la primera revolución industrial o porque África se ha quedado rezagada o América Latina no ha podido dar el salto al desarrollo. República Dominicana es una potencia turística, de zonas francas y líder en Inversión Extranjera Directa del Caribe y Centroamérica, la economía ha sido una de las de mayor  crecimiento de la región en los últimos 50 años, salvo en tres crisis económicas, tuvimos  15 años de crecimiento con estabilidad hasta la pandemia, sin embargo arrastramos lastres que dificultan el salto al desarrollo económico, como son los niveles de vulnerabilidad social, la calidad de la educación o de la salud, la gran inequidad social y más que nada el enorme déficit institucional. Ese déficit institucional se elevó en la pasada administración de Danilo Medina que se convirtió en una cleptocracia, cuya definición es la siguiente: “Es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político y/o peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico”. Esa definición retrata perfectamente lo que fue esa administración y no es accidental que en el Índice de Competitividad Mundial del “World Economic Forum” aparecemos tan mal ranqueados, justamente por el tema institucional, también en el Índice de Transparencia aparecemos como una de las naciones más corruptas. Sin institucionalidad no hay posibilidades de verdadero desarrollo humano, por ello esta sociedad debe apoyar y vigilar todas las iniciativas de este gobierno de Luis Abanador que ha dado pasos correctos en pos de recuperar la institucionalidad, como la designación de un Ministerio Publico Independiente, el mismo caso en la Dirección de Contrataciones Públicas, dotarla de los adelantos tecnológicos para vigilar el cumplimiento de la ley, el fortalecimiento de la Contraloría y la Dirección de Ética y los procesos iniciados contra una parte de los corruptos del gobierno pasado.

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