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13 de abril del 2021

Entretenimiento

Isabel II cumple 92 años y 23.226 días como reina

Las canciones con alto voltaje sexual de Shaggy no destacan entre las favoritas de la reina de Inglaterra, pero Isabel II no piensa faltar hoy a la actuación del rapero y otras estrellas musicales en un macroconcierto organizado en el Royal Albert Hall de Londres con ocasión de su 92 cumpleaños. Ni su avanzada edad […]




Las canciones con alto voltaje sexual de Shaggy no destacan entre las favoritas de la reina de Inglaterra, pero Isabel II no piensa faltar hoy a la actuación del rapero y otras estrellas musicales en un macroconcierto organizado en el Royal Albert Hall de Londres con ocasión de su 92 cumpleaños. Ni su avanzada edad ni la reciente intervención quirúrgica de su marido servirían de excusa para una monarca que siempre ha cumplido con lo que considera sus inapelables obligaciones a lo largo de más de seis décadas y media. Y que a pesar de que las fuerzas flaquean, o de que su consorte ya no puede respaldarle en las funciones oficiales, se mantiene incólume en su puesto, abrazada por altas cotas de popularidad. A estas alturas, los británicos –y el público internacional adepto a la serie The Crown– creen saberlo ya casi todo sobre una soberana que vino al mundo el 21 de abril de 1926 en el domicilio familiar del número 17 de Bruton Street, Londres. Se ha relatado hasta la saciedad cómo la abdicación de su tío Eduardo VIII, empeñado en casarse con la dos veces divorciada Wallis Simpson, traspasó el trono al padre de Isabel y convirtió a aquella niña de diez años en su heredera. A la muerte de su progenitor (Jorge VI), arranca el reinado de Isabel II que, en septiembre de 2015, fue proclamado el más longevo de la historia de Inglaterra: acababa de rebasar los 23.226 días, 16 horas y 23 minutos durante los que su antecesora Victoria portó la corona. © Proporcionado por EL PAIS Efemérides como la de hoy son, sin embargo, una excusa para que el público descubra en la prensa nacional otros detalles más mundanos sobre la vida de la reina puertas adentro de palacio. Sus hábitos nos hablan de una dama que comienza cada jornada escuchando el magazine informativo de la BBC y leyendo el diario de carreras de caballos Racing Post, mientras desayuna el clásico porridge (crema de avena) con yogur y mermelada. Que privilegia en el aperitivo la ginebra con Dubonnet y cumple puntualmente con el té de la tarde. El chocolate es una adicción que intenta controlar en su justa medida. Su afición a legendarios culebrones televisivos, como EastEnders o Coronation Street, entronca con los gustos del británico medio y de cierta edad. En su condición de monarca, Isabel II es la única persona del Reino Unido cuyo automóvil puede transitar sin matrícula, pero también se trata del único miembro de la familia real capaz de cambiar una rueda pinchada, habilidad que aprendió como conductora de ambulancias durante la Segunda Guerra Mundial. No se trata de una mujer con caprichos extravagantes, si se exceptúa el trato casi de royals dispensado siempre a sus adorados corgis, la raza de perros que vino criando desde que le regalaron un ejemplar a los 18 años, y cuyo último descendiente (Willow) ha tenido que ser sacrificado esta semana. El inocente anecdotario acerca al público a un retrato más personal de la reina, calificada esta semana como “cool” por algunos de los jóvenes artistas que hoy participarán junto a otros veteranos en el cartel del Royal Albert Hall. Ese calificativo informal y cariñoso contrasta con la frialdad que le fue reprochada a raíz de la muerte de su nuera Diana de Gales, en 1997, el punto más bajo de una década de escándalos en la familia real que hicieron temblar los cimientos de la monarquía. La institución ha dado muchos pasos desde entonces para adaptarse a los nuevos tiempos, incluida la claudicación de que Isabel II pague impuestos, y confía en la nueva generación (encabezada por su nieto Guillermo) para refrescar su imagen y mostrarse más próxima. Pero, sobre todo, lo que ha afianzado estos últimos 66 años de reinado es la percepción de una soberana con un férreo sentido del deber. Muchos de quienes en el pasado aludían a una figura fría y distante reconocen hoy a la anciana reina como una trabajadora incansable que ha lidiado con trece primeros ministros, sólo ha faltado en dos ocasiones a la apertura de las sesiones del Parlamento (por los partos de sus hijos Carlos y Andrés) y ha realizado 261 visitas oficiales al extranjero, amén de participar en miles de actos.
El equipo médico estará hoy muy pendiente de la soberana en una velada musical demasiado agitada para una abuela de 92 años, que es tan sólo el arranque de una temporada intensa con el nacimiento inminente del nuevo retoño de Guillermo y Catalina, seguido de la boda de su nieto Enrique con la exactriz americana Meghan Markle. La agenda oficial de Isabel II ha sido aligerada en los últimos años, a la par que el heredero, Carlos, toma posiciones: ayer mismo se desveló que sucederá a su madre como como cabeza de la Commonwealth. ¿El inicio de una retirada? Entre los observadores reales, los más vaticinan que la reina no se jubilará nunca, aferrada al juramento que pronunció en la coronación de 1953. Pero algunos insinúan que, de llegar a cumplir los 95 años, aceptaría una suerte de regencia, es decir, que Carlos sería rey en todos los sentidos menos en el título.

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