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06 de mayo del 2021

Opinión

Jactancia

Juan F. Puello Herrera. Recuerdo haber visto en una muestra de escenas de comedia del siglo de oro español, El Astrólogo Fingido, de Pedro Calderón de la Barca, en la que uno de los actores acotaba que “si hice algo, lo que hice podrá la fama decir; porque en la más noble lengua la propia […]




Juan F. Puello Herrera.
Recuerdo haber visto en una muestra de escenas de comedia del siglo de oro español, El Astrólogo Fingido, de Pedro Calderón de la Barca, en la que uno de los actores acotaba que “si hice algo, lo que hice podrá la fama decir; porque en la más noble lengua la propia alabanza es vil”. Esta cita describe con pelos y señales al fariseo jactancioso que pretende hacer creer a otros de su bonhomía utilizando una “palabrería hueca” y sin concordancia entre verbo y sujeto, sustantivo, adjetivo y artículo, propio de los falsos conversos. El poeta español Fernando Sabido Sánchez lo describe con gracejo, “trepa con destreza por las escenografías, adoptando en las cúspides una pose fingida y un lenguaje corporal carente de sintaxis”. Donde la jactancia adquiere matices sorprendentes es cuando una vida atolondrada encuentra reposo en un Dios que no cree y altaneramente hincha su nariz para escribir cosas que cualquier imberbe conoce. Partiendo de esta afirmación se entra en el campo de gente ociosa que deambula por el mundo sin dar de sí ni aportar nada constructivo, que no sean unas declaraciones destempladas y periódicas sin valor alguno, propias del hombre ocioso que “rara vez sea virtuoso y que no haciendo nada, solo aprende a hacer el mal”. En gente así, la “obstinación nace de la estrechez de espíritu en la que su felicidad reside en el ocio del espíritu”.

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