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14 de mayo del 2021

Opinión

“Jesús nacerá de María, desposada con José…”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo A 22 de diciembre, 2019. a) Del profeta Isaías 7, 10-14. El Señor, a través de Isaías, ofrece esta señal: “La virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros” (v. 14). […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.

Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo A 22 de diciembre, 2019.

a) Del profeta Isaías 7, 10-14.

El Señor, a través de Isaías, ofrece esta señal: “La virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros” (v. 14). El Rey Acáz desobedeció al profeta y Judá tuvo sufrió las consecuencias. Tanto el niño como su nombre son un signo de la permanencia de las promesas davídicas.

Al inicio de nuestra era, una joven doncella llamada María de Nazaret, quedo embarazada sin concurso de varón y dio a luz un hijo, síntesis de lo humano y lo divino, en cuya vida, muerte y resurrección se cumplió todo lo anunciado por Isaías en estos capítulos conocidos como el “Libro del Emmanuel”, nadie podría negar la proyección mesiánica de aquel Emmanuel vislumbrado por el gran profeta en presencia de Acáz y sus cortesanos como signo de providencia y garantía de fidelidad divina.

b) De la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 1, 1-7.

El tema central de esta carta, es la salvación por la fe en Jesucristo, muerto y resucitado, ofrecida a toda la humanidad sin discriminación.

Esta es una carta doctrinal de envergadura, quizás la más importante de las escritas por San Pablo. Al dirigirse a los paganos él tiene una larga experiencia misionera que le había llevado a enfrentarse, de palabra y por cartas, con las principales dificultades y problemas por los que atravesaban las comunidades cristianas.

En estos versículos iniciales San Pablo anuncia a los Romanos la buena nueva de Jesucristo: nacido de David, según la carne y establecido en su poder por el Espíritu de Dios.

c) Del Evangelio de San Mateo 1, 18-24.

Además de las figuras del Adviento referidas en los domingos anteriores: Isaías, Juan el Bautista y sobre todo María, hoy aparece la persona de José, quien queda en los evangelios en segundo plano, de él se habla muy poco. Sin embargo, al aparecer en el evangelio de San Mateo, José adquiere una caracterización peculiar: asombro, duda, perplejidad y temor de un hombre honrado y bueno, desposado con María.

Según la ley y costumbre judía, los desposorios que precedían a la boda propiamente dicha eran ya un compromiso matrimonial en forma y los desposados eran ya esposo y esposa, aunque no vivieran juntos. Así lo expresa el evangelio de Mateo: “José, descendiente de David, no temas llevar a tu casa a María, tu esposa, porque la criatura que espera, es obra del Espíritu Santo”.

El problema que origina la decisión de José, hombre bueno y justo, como lo define el evangelio, no radica en si cree inocente o culpable a María, sino más bien en que, aun conociendo de labios de María el secreto de la concepción virginal operada en ella, no entiende el misterio de la acción de Dios. Por eso no quiere interferir en los planes del Señor a los que él no da alcance. No sabe cuál es el papel que le toca desempeñar si él no es el padre de esa criatura tan extraordinaria, el Hijo de Dios, que va a nacer de María su mujer; por eso le parece lo más honrado retirarse discretamente en silencio.

José es prototipo y modelo de fe. San José, “el justo”, supera la prueba que se le ha presentado. Sin ceder a la tentación de abandonar, se adentra en la oscuridad “luminosa” del misterio de Dios, se fía de su palabra.

 Fuentes: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo.
B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.

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