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17 de abril del 2021

Opinión

Joe Biden en el poder

Lo más difícil para el Presidente Biden es vacunar cien millones de personas en ese período. Un millón diario de seres humanos. Lo más fácil es regularizar la situación de once millones de inmigrantes ilegales. Carlos Alberto Montaner. Miami, Estados Unidos Era la víspera de la to­ma de posesión. Er­nesto Morales me lla­mó emocionado. Joe […]




Lo más difícil para el Presidente Biden es vacunar cien millones de personas en ese período. Un millón diario de seres humanos. Lo más fácil es regularizar la situación de once millones de inmigrantes ilegales.

Carlos Alberto Montaner.
Miami, Estados Unidos
Era la víspera de la to­ma de posesión. Er­nesto Morales me lla­mó emocionado. Joe Biden había citado a James Joyce para pedir que lo enterraran en Delaware. El escri­tor irlandés aseguraba que llevaba grabado en su corazón la palabra “Dublín”. Biden piensa que, en su caso, ama a Delaware con la mis­ma intensidad con que Joyce ama­ba a Dublín.
Joe Biden en el poder
1. Alex Saab conocedor de los negocios sucios de Nicolás Maduro 2. Anthony Blinken, el nuevo canciller de los Estados Unidos. 3. James Joyce, fue citado por Joe Biden.
Morales, que es un joven muy culto, cree que es importante que el presidente sea capaz de citar a Joyce. No estoy tan seguro, pe­ro sospecho que no está de más haber leído (o tratado de leer) el Ulises, especialmente tras la falli­da experiencia de Donald Trump, una persona que ni siquiera ha leí­do el libro que supuestamente “es­cribió”. Eso se desprende de las palabras del decepcionado “ghost writer”, Tony Schwartz (The Art of the Deal). En todo caso, Joe Biden se ha fijado una serie de medidas que debe tomar durante los primeros 100 días. Tiene experiencia y sabe delegar, que es la clave de gober­nar bien. Para John F. Kennedy el éxito era más accesible si el presi­dente se rodeaba de un gabinete de personas más competentes que él mismo y confiaba en ellas. Lo más difícil es vacunar cien millones de personas en ese perio­do. Un millón diario de seres hu­manos. La más fácil es regularizar la situación de once millones de inmigrantes ilegales y crearles una vía para que, los que lo deseen, se naturalicen. Biden tiene a su fa­vor el conjunto de la sociedad (un 70%) y las dos cámaras. Lo tiene todo. Antony Blinken, el nuevo canci­ller de Estados Unidos elegido por Biden, no tiene una pizca de inge­nuo. Además, Trump le ha facili­tado la tarea devolviendo a Cuba a la lista de los países que respal­dan el terrorismo. Ahora, cuando aumente la presión para volver a la era de Obama de “engagement sin condiciones previas”, la Adminis­tración de Biden tiene un excelente alegato para negarse: Cuba es una nación que apoya el terrorismo. Lo hace en Venezuela, en Colombia y en Corea del Norte, amén de que debe aclarar cuanto antes los ata­ques sónicos contra los diplomáti­cos estadounidenses y canadienses avecindados en la Isla. La congresista republicana María Elvira Salazar le ha puesto condi­ciones razonables a Cuba para que la Isla sea sacada nuevamente de esa lista de naciones infames pre­sentando una ley respaldada por una decena de congresistas norte­americanos: que libere a los presos políticos, que se permita la libertad de expresión y que el país se enca­mine seriamente a unas elecciones libres y plurales. ¿Quién puede es­tar en contra de eso? Por otra parte, Blinken le ha lla­mado “dictador brutal” a Nico­lás Maduro; ha reconocido a Juan Guaidó como presidente legítimo de la única institución democráti­ca que queda en el país, la antigua Asamblea Nacional; busca, franca­mente, un cambio de régimen en Venezuela, para tranquilidad de to­da América Latina; y quiere que le entreguen a Alex Saab. Este personaje es un testaferro de Maduro detenido en Cabo Verde, que conoce a fondo la corrupción del país porque presuntamente par­ticipó de ella. A partir de febrero 4 se verá la última apelación legal que le queda, aunque un comando iraní, como se ha revelado, intenta­rá secuestrarlo y llevarlo a Etiopía si Estados Unidos no lo evita. Por lo pronto, parece que le han designa­do “la casa por cárcel” hasta que se falle su extradición a Estados Uni­dos. Es de ese lugar del que se lo lle­varán los iraníes. Blinken, que es una persona flexible, cree que Trump, que come­tió muchos errores y horrores, co­mo la toma violenta del Capitolio por una manada de gente “deplo­rable”, no hizo todas las cosas mal en política exterior. Supone que el anterior presidente estaba, justa­mente, preocupado por la conducta de China, y él, como canciller, creo que estará dispuesto a defender a capa y espada el derecho que tiene Taiwán a existir como una entidad independiente. Calculo, además, por tratarse de una persona de origen judío, que tiene una especial sensibilidad para los temas relacionados con Israel, y sabrá, corazón adentro, que fue un acierto trasladar la representación diplomática de Estados Unidos a Jerusalén, por tres razones princi­pales: porque le corresponde a ca­da nación designar su propia capi­tal; porque el Congreso de Estados Unidos lo había decidido en su mo­mento; y, finalmente, porque le co­rresponde a Estados Unidos asumir un papel de liderazgo en todas las instancias en que estén en juego la libertad, la democracia y la justicia. Así ha sido desde el fin de la Se­gunda Guerra mundial. Así esta na­ción se ha transformado en la pri­mera superpotencia sobre la faz de la tierra.

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