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11 de abril del 2021

Política

Joe Biden: la primera semana del nuevo inquilino de la Casa Blanca

 Proporcionado por La Tercera Joe Biden y Kamala Harris en la Oficina Oval de la Casa Blanca, ayer. Desde que Joe Biden juró como el 46º Presidente de Estados Unidos, el 20 de enero, la administración del demócrata ha estado marcada por el orden y por la firma de manera maratónica de una serie de órdenes […]




 Proporcionado por La Tercera Joe Biden y Kamala Harris en la Oficina Oval de la Casa Blanca, ayer. Desde que Joe Biden juró como el 46º Presidente de Estados Unidos, el 20 de enero, la administración del demócrata ha estado marcada por el orden y por la firma de manera maratónica de una serie de órdenes ejecutivas que buscan desmantelar las políticas impulsadas por su antecesor, el republicano Donald Trump. Así, Biden intenta devolver al país a una “normalidad” tras el asalto al Capitolio. Cada día de su primera semana en el cargo, Biden ha aparecido frente a las cámaras durante “al menos 30 minutos”, casi siempre acompañado de una pantalla con las palabras cuidadosamente escogidas para cada una de sus intervenciones públicas, destaca la prensa local. Según el diario estadounidense The Washington Post, a diferencia de las tormentas que desató Trump en conferencias de prensas y en Twitter a altas horas de la madrugada con sus “furiosos mensajes”, Biden, en sus primeros seis días, tuiteó desde su cuenta oficial 42 veces, en su mayoría durante las horas de trabajo. Uno de los mensajes más “controvertidos” fue cuando confirmó que su sabor de helado favorito eran la chispas de chocolate. Justamente, una de las “promesas de campaña” de la ahora primera dama, Jill Biden, fue que de ser electo el demócrata, “los estadounidenses podrían leer el periódico sin molestarse”. En medio de la crisis del Covid-19, el nuevo Despacho Oval dejó atrás los “caóticos” días y enfrenta un inicio de mandato moderado y sin planes de confrontaciones, con un llamado a la unidad, donde “toda la agenda está trazada y queda poco espacio para lo inusual”. La administración de Biden y su vicepresidenta, Kamala Harris, ha enfocado sus primeros esfuerzos no solo en anunciar nuevas medidas o la derogación de aquellas dictadas por Trump, sino también en explicar las nuevas políticas, con el respaldado de datos y una serie de expertos. Tan solo horas después de la ceremonia de investidura, el Mandatario demócrata ordenó la reincorporación de Estados Unidos al Acuerdo de París, paralizó el financiamiento del muro fronterizo con México y derogó el veto de viajeros de países principalmente musulmanes. El jueves de la semana pasada, en el primer día completo de Biden a la cabeza de la Casa Blanca, el jefe de Estado priorizó la lucha contra la pandemia, que ha cobrado la vida de más de 440 mil estadounidenses, con la firma de 10 acciones ejecutivas. Entre ellas, anuló la retirada del país de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y nombró a Anthony Fauci, principal experto en enfermedades infecciosas de EE.UU., como jefe de la delegación de la OMS. El Presidente también anunció la obligatoriedad del uso de mascarillas a nivel federal. También dijo que uno de sus objetivos sería aplicar 100 millones de dosis de vacunas en 100 días. Pero el lunes subió la apuesta, al afirmar que pronto inmunizarían a 1,5 millones de personas al día. En un intento por mitigar el impacto económico del virus en el país, el viernes pasado Biden firmó órdenes para lanzar un plan de estímulo valorado en US$ 1,9 billones; aumentó el salario mínimo de los empleados federales a US$ 15 por hora y reinstauró su poder de negociación colectiva. También lanzó un proyecto para garantizar la alimentación de los ciudadanos. Más tarde, Biden tuvo su primera llamada telefónica con un líder internacional. La elección fue el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, conversación que estuvo marcada por la preocupación del Ejecutivo e inversionistas canadienses ante la suspensión del proyecto del oleoducto Keystone XL. A pesar de esto, el fin de semana el exvicepresidente de Barack Obama dejó de lado su cargo por dos días para estar junto a su familia y sus dos perros. El sábado, Biden no apareció en público, pero se reveló que llamó al primer ministro británico, Boris Johnson, y al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para explicar el cambio en la ley de inmigración. A primera hora del domingo, la familia Biden asistió a misa en Georgetown y durante el regreso a la Casa Blanca, la comitiva de seguridad que los acompaña tomó un desvió a una tienda para comprar un “sandwich de bagel con queso crema”, generando una multitud de curiosos en las calles cercanas. Más tarde ese mismo día, Biden tomó el teléfono para hablar con su homólogo francés, Emmanuel Macron. El Mandatario norteamericano también revivió la “Ley Compra Estadounidense”, o también conocida como Buy American, política que prioriza a empresas estadounidenses para recibir los contratos federales. El lunes, el mismo día en que la Cámara de Representantes presentó el segundo pedido de impeachment contra Trump ante el Senado, Biden anuló la prohibición del republicano para que las personas transgénero se enlisten en el Ejército. Este martes, el Mandatario recordó el caso de George Floyd, un afroamericano asfixiado bajo custodia policial en mayo pasado, y lanzó su agenda contra la discriminación racial, que incluyó el cese de contratos con cárceles privadas. A esto se suma, que el demócrata eliminó la orden de “tolerancia cero” en la inmigración, que conllevó a la separación de más de 3 mil familias en la frontera sur de EE.UU. Horas después, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, confirmó que Biden habló con el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, donde aseguraron que extenderán por cinco años el tratado nuclear START III, que expiraba el próximo 5 de febrero. Durante la jornada del miércoles, regresaron las sesiones informativas sobre la pandemia. Al cumplir una semana, Biden alistaba ayer los últimos detalles para dar un espaldarazo a la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, también conocida como Obamacare, política que Trump buscó erradicar, si bien no logró convencer al Congreso. Sin embargo, el republicano debilitó la legislación al imponer restricciones para que las personas accedieran a las coberturas médicas. Finalmente, el nuevo Mandatario eliminó los “obstáculos” para subvencionar a grupos que “practican o asesoran” sobre el aborto en el extranjero.

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