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15 de abril del 2021

Opinión

Juventud, “hookah” y perreo

En una sociedad adultocéntrica, como esta, donde, aunque alrededor del 35% de la población es joven, este grupo etario no está ni en el centro del poder, ni en el centro de las políticas públicas, siempre me han dolido frases como “la juventud está perdida”. La misma no es inocente. Recoge en sí una tendencia […]




En una sociedad adultocéntrica, como esta, donde, aunque alrededor del 35% de la población es joven, este grupo etario no está ni en el centro del poder, ni en el centro de las políticas públicas, siempre me han dolido frases como “la juventud está perdida”. La misma no es inocente. Recoge en sí una tendencia a culpar o responsabilizar a la juventud de una inversión de valores o de una degradación social de la que ella es más bien víctima, y no responsable. Veamos, por ejemplo, la distribución del poder político. Actualmente en el Congreso Nacional sólo hay seis diputados jóvenes (en el Senado, el único joven, José Ignacio Paliza, superó los 35 años). Nunca hemos tenido un Presidente de la República menor de 35 años. En el Poder Judicial tampoco y en el Poder Municipal, donde más flexibilidad, alcaldes y alcaldesas jóvenes son las excepciones. En el panorama social: los “ni ni” o “sin sin”, jóvenes sin estudio y sin trabajo, constituyen un 26% de la juventud dominicana. Los embarazos no planificados en adolescentes superan otros países de la región con 90 embarazos por cada 1,000 adolescentes. Las uniones tempranas (me resisto a llamarlas matrimonios), antes de los 18 años, son, sólo en mujeres de 20-24 años un 36.5%. Entonces, aunque confieso que yo también me preocupo cuando paso por un “drink” y lo veo lleno de jóvenes “perreando” y fumando hookah, mi primera inquietud no es el ritmo ni el aparato, sino la escasa conciencia y participación social, política y económica que podrían tener. Su posible apatía para integrar luchas pendientes para el bien común. Y es que son víctimas de la falta de participación ciudadana activa, del empoderamiento, del poco acceso a educación de calidad, donde más que repetir contenidos de manera mecánica, analicen e interioricen los datos, y a una salud que les permita protegerse sexualmente y planificar sus embarazos, a oportunidades de empleo, y a esparcimiento cultural, deportivo… a un ocio más allá del alcohol y el perreo. Y esto es posible. Apenas el miércoles, con los premios Esquina Joven, que ahora coordina Lily Luciano, en este mismo periódico fuimos testigos por décima tercera ocasión de la cantidad de jóvenes valiosos destacándose en Arte, Deportes, Emprendimiento e Innovación, Mérito Estudiantil, Liderazgo y Compromiso Comunitario. Ellos/as, sumados a quienes salen los sábados en estas páginas, demuestran que sí se puede, que sólo demandan más atención, más presupuesto y más participación. Mas, para lo mismo, hay que dejar de darles ejemplos y mensajes de impunidad y corrupción. Hay que comenzar a respetarle sus recursos, porque robarle al erario público, es en más de una forma conspirar contra estos jóvenes que ya no son el futuro, sino nuestro presente. Por: Millizen Uribe.

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