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07 de mayo del 2021

Opinión

Kavanaugh: una victoria pírrica

Oscar Medina. Los republicanos acaban de ratificar al nominado de Donald Trump para la Suprema Corte de Justicia, el juez Brett Kavanaugh. El Senado lo aprobó por un estrecho margen y con un voto casi exclusivamente partidista. Sólo cruzaron las líneas partidarias una senadora republicana por el estado de Alaska y un demócrata por Virginia […]




Oscar Medina.
Los republicanos acaban de ratificar al nominado de Donald Trump para la Suprema Corte de Justicia, el juez Brett Kavanaugh. El Senado lo aprobó por un estrecho margen y con un voto casi exclusivamente partidista. Sólo cruzaron las líneas partidarias una senadora republicana por el estado de Alaska y un demócrata por Virginia del Oeste, con su puesto en juego este noviembre. Fue una votación precedida por una fiera lucha, con niveles de polarización que los estadounidenses no presenciaban desde hacía décadas en este tipo de procesos, que a pesar de su alto impacto político no suelen ser tan traumáticos. Hasta hace apenas unas semanas la confi rmación de Kavanaugh parecía un mero trámite... Había llegado el momento en el que los grupos conservadores culminarían un asalto al Supremo, diseñado hace más de tres décadas desde la conocida Sociedad Federalista con la sentencia “Roe versus Wade como punta de lanza...”. Y los demócratas nada podían hacer para evitarlo. No hubo maniobras que fructifi caran en su vano intento de torpedear la llegada a la Suprema Corte del quinto y decisivo voto conservador. Sin embargo, días antes de la fecha prevista por el Comité de Justicia del Senado para aprobar al nominado de Trump, la situación dio un giro inesperado cuando se hizo pública una denuncia de agresión sexual contra el juez Kavanaugh. Se trató de un incidente acontecido en su primera juventud, mientras estudiaba en un colegio de élite en el área metropolitana de la capital estadounidense. Christine Blasey Ford, una doctora en psicología e investigadora de la prestigiosa Universidad de Stanford, lo señaló como responsable de haber intentado violarla junto a un amigo, cuando se encontraban en estado de embriaguez y compartían en la casa de unos amigos comunes. El alegado incidente se produjo en el año de 1982... Hace 36 años. A esta denuncia siguieron otras, de igual corte y también bastante añejas... Historias viejas salidas a última hora, sin corroboración sólida. Parecía un último intento de los demócratas de afectar la confi rmación de un juez con una hoja de vida intachable y excelente reputación profesional. Que por tanto, igual que las anteriores, estaría destinada al fracaso. Los republicanos, que controlan el Comité de Justicia del Senado, accedieron confi ados a postergar la votación hasta escuchar tanto a la denunciante como al supuesto agresor exponer sobre el asunto... Pero cuando la doctora Ford declaró bajo juramento, su testimonio fue tan sincero y conmovedor y su descripción de los hechos tan desgarradora, que el nerviosismo se disparó en los grupos conservadores. Para complicar aún más las cosas, cuando llegó el turno del nominado de Trump, este rebatió el testimonio de la doctora Ford de la manera menos ortodoxa posible, con una exposición rabiosa, desafi ante y en extremo partidista... En cualquier otro tiempo la falta de prudencia, templanza y moderación exhibida por Kavanaugh lo habrían descalifi cado de inmediato, pero como está de radicalizada la política en Washington, lo que hizo fue soliviantar los ánimos de las bases conservadoras y de sus representantes en el Senado, que asumieron su defensa en un tono aún más agresivo que el del propio nominado. Al fi nal, un triste espectáculo que no cambió lo que desde el principio se daba como un hecho: Kavanaugh es, a todos sus efectos, el voto decisivo que los conservadores anhelaban tener en el Supremo. Pero en el camino este proceso dejó mucha frustración. No sólo en una enorme mayoría de la sociedad estadounidense, sino también en muchos otros, que desde fuera admiramos la tradición democrática y el respeto a las instituciones que se profesa en la democracia más antigua del planeta. Pero además, las consecuencias políticas de la confi rmación de Kavanaugh están por verse y podrían ser tan duraderas en la política estadounidense como lo serán las decisiones de una Suprema que completa su giro a la derecha... Ya que los republicanos pudieran perder el voto femenino por generaciones. En estos tiempos del movimiento #MeToo como protagonista de las denuncias de acoso sexual y del empoderamiento de la mujer, en el que la señora Ford se ha convertido en un ícono ---al punto de llegar a la portada de la revista Times---, la atropellada imposición de un juez marcado por historias de abuso sexual, travesuras adolescentes propias de élites acomodadas y abuso de alcohol, cuyas declaraciones estuvieron salpicadas de mentiras y actitudes destempladas, puede costarle muy caro a los republicanos... Y no sólo en este noviembre, sino en muchos por venir. Algunos analistas entienden que si los demócratas juegan bien sus cartas, el momento y el consecuente giro político podría equipararse a lo que sucedió a partir de los años sesenta del siglo pasado con la fi rma del Acta de los Derechos Civiles por parte de los demócratas, y la Estrategia del Sur, con la que los republicanos alcanzaron un control absoluto de los estados sureños que perdura hasta nuestros días. El presidente Trump y los republicanos celebran esta importante victoria... No les falta razón... Pero cuidado, que pudiera tener un costo tan alto como el que pagó Pirro en Ásculo y Heraclea.

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