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22 de abril del 2021

Opinión

La azul justicia

Pablo Mckinney.  El problema no es la ignoran­cia en sí, sino la contundencia con que muchos la ejercen, y que no necesariamente remi­te a personas sin educación formal, sino también a muchas con maes­tría, inglés y diez años de Visa, que se su­man a un peligroso coro que solo sirve para desprestigiar la lucha contra […]




Pablo Mckinney.
 El problema no es la ignoran­cia en sí, sino la contundencia con que muchos la ejercen, y que no necesariamente remi­te a personas sin educación formal, sino también a muchas con maes­tría, inglés y diez años de Visa, que se su­man a un peligroso coro que solo sirve para desprestigiar la lucha contra la co­rrupción que las nuevas autoridades del Ministerio Público, por fin han iniciado, Dios las guarde a todas, (y si son de las Águilas que las perdone. Nadie es perfec­to). Después del coronavirus, pocas pes­tes superan a la del buscamentions, que es un espécimen que busca ser mencio­nado y reproducido en las redes socia­les sin importar el tamaño de la barra­basada que deba publicar, aún sabiendo que es una barrabasada. Por eso, exige al presidente de la República “trancar” a su corrupto más odiado, sabiendo que esa es una tarea exclusiva de los tribu­nales. El país nacional no puede desperdiciar la oportunidad que significa contar con un ministerio público que, por primera vez en décadas, no será narigoneado por el Poder Ejecutivo, aun siendo nombrado por quien lo encabeza. Precisamente por esto es por lo que esas autoridades deben actuar sin aspavientos ni public relations a la hora de investigar a fondo, para po­der así elaborar expedientes que permi­tan a los jueces impartir justicia con justi­cia y celebro la redundancia. Que sean los tribunales quienes deci­dan quien es o no es un delincuente, es una garantía que ofrece la Constitución para evitar que, por intereses políticos o económicos, pueda un presidente de la República o uno de sus caciques provin­ciales mandar a trancar a un ciudadano, que de eso hemos tenido casos no tan le­janos. Como explicó la magistrada procura­dora Miriam Germán recientemente, pa­ra que un caso llegue a instrucción basta con que sea probable que la persona se­ñalada sea el autor, pero para un juicio ir al fondo, “esto debe pro¬barse fuera de toda du¬da razonable (...) Si los casos se atropellan saldrán flojos, y la acusación no se sostendrá a la hora del juicio de fondo”, lo que tantas veces ha ocurrido. Si queremos apoyar la lucha contra la corrupción, comencemos por ser ho­nestos, y de ahí, pasemos a apoyar las iniciativas de este nuevo ministerio pú­blico y de una justicia dominicana, a la que, como a Napoleón Bonaparte, hay que vestir despacio porque tiene prisa, mucha prisa.

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