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09 de mayo del 2021

Opinión

La caja chica de los aspirantes

Por Guido Gómez Mazara. Mario Conde auxilió en tiempos de dificultad a los “chicos del PSOE”, años antes del Pacto de la Moncloa porque las potencialidades electorales eran obvias. Así la victoria de los jóvenes idealistas que llegaban al poder tenía un altísimo sentido de gratitud con aquellas manos solidarias que, con el paso del […]




Por Guido Gómez Mazara. Mario Conde auxilió en tiempos de dificultad a los “chicos del PSOE”, años antes del Pacto de la Moncloa porque las potencialidades electorales eran obvias. Así la victoria de los jóvenes idealistas que llegaban al poder tenía un altísimo sentido de gratitud con aquellas manos solidarias que, con el paso del tiempo y bajo el amparo del Gobierno, hicieron crecer a su dador en el mundo financiero hasta convertirlo en el banquero cercano a los socialistas españoles. Llegó el enredo bancario y la cárcel trajo los disgustos capaces de filtrar el tinglado de favores, acompañando una derrota electoral y un cerco ético a  Felipe González. El grupo Higa ganó la licitación del tren México-Querétaro y la compañía Railway Construction, propiedad de Juan Hinojosa Cantú, terminó “vendiendo” la casa de la esposa del nuevo presidente en 7 millones de dólares, ubicada en las lomas de Chapultepec, pero pieza evidente del escándalo que trituró moralmente a Enrique Peña Nieto y derrumbó la promesa de los nuevos vientos generacionales en el PRI. Explicaciones de toda índole llegaron y la rentabilidad de una primera dama con un historial de actriz exquisita no convencieron a una gran parte de la sociedad anonadada por el descubrimiento de la fatal triangulación, electoralmente penalizada y trampolín de victoria de un aspirante desafiante del sistema: Andrés Manuel López Obrador. Jorge Yoshimaya, responsable de la campaña de Keiko Fujimori, admitió el ingreso de dinero de Odebrecht y esencialmente de su principal ejecutivo en Perú, Eduardo da Rocha Soares, sumándose al grupo financiero de mayor importancia, Credicorp que, en la fase de instrucción, enseñaron pruebas de colocarle 3.6 millones de dólares en efectivo para posibilitar la victoria electoral de la hija querida del exdictador. La ilusión de darle continuidad al proyecto político que eclipsó y redujo a la insignificancia a Sendero Luminoso, impulsando todo un proceso de pacificación, hasta lograr esquivar la funesta referencia de Vladimiro Montesinos se constituyó en material de presidio. Una parte importante de los políticos nuestros subestiman la intuición y el sentido común de la ciudadanía debido a la equivocada impresión de que no están al tanto de los detalles. Y los aspirantes, salvo reconocidas excepciones, andan articulando una red de “cajas chicas” en sus respectivas actividades que desde el poder recaen en los hombros de aquellos colaboradores económicos que colaboraron en tiempos de dificultad. En consecuencia, la llegada al poder sirve para retribuciones, amarres y excesos caracterizados por ventajas y niveles de acumulación que impiden al primer mandatario limitar a los amparados por la gracia del poder, pero potenciales procesables desde el momento que la suerte electoral desaparece del espectro de las fuerzas exitosas. El establecimiento de “cajas chicas” como regla de sobrevivencia de aspirantes no guarda relación con el deseo de transparencia. Quieren y anhelan invertir poco para sacar muchas ventajas y cada aspirante siente una conformidad singular con el ejército de rufianes y oportunistas que se acercan como financiadores del proceso. No desean, en principio, apelar a transformar las reglas, por el contrario, aspiran a preservar el régimen de complicidades y locuras que obstruyen el verdadero proceso de cambio que abrió las puertas para la victoria del pasado 5 de julio. Las cajas chicas revelan el nivel de importancia de aspirantes, y desconocer su importancia constituye una desconexión con la realidad electoral. ¡El desafío es superarlos!

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