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19 de abril del 2021

Opinión

La democracia real

César Medina. -Y II- La separación de poderes es uno de los avances institucionales más significativos que ha obtenido el país. Contrario a las ocurrencias en Europa y en nuestro continente, el Poder Judicial dominicano ha resistido la tentación de legislar mediante sentencias, incluso luego de la creación del Tribunal Constitucional, cuya mesura todos reconocemos. […]




César Medina.
-Y II- La separación de poderes es uno de los avances institucionales más significativos que ha obtenido el país. Contrario a las ocurrencias en Europa y en nuestro continente, el Poder Judicial dominicano ha resistido la tentación de legislar mediante sentencias, incluso luego de la creación del Tribunal Constitucional, cuya mesura todos reconocemos. El Poder Legislativo ha estado en varias oportunidades en manos de la oposición o de disidentes del partido en el gobierno. Sin embargo, no ha habido intentos de desalojar de la poltrona palaciega al Presidente o de tenderle celadas que menoscaben su legitimidad y efectividad. Pocas veces un decreto presidencial ha sido sometido al control del Poder Judicial, por lo que el Ejecutivo ha navegado con vientos favorables. Cuando se habla de las tasas de crecimiento promedio en América Latina que ubican al país en el primer lugar en los últimos 25 años, se pasa por alto una de las razones elementales y que, de paso, explica el porqué de la diferencia en términos de desarrollo relativo con nuestro compañero de isla: la estabilidad política. Sin ella, sin esa estabilidad, es imposible generar confianza en el mundo de los negocios, atraer inversiones y, mucho menos, concretar planes que deriven en beneficios sociales de amplio espectro. Las sociedades pasan a estadios superiores de desarrollo cuando sus instituciones funcionan y la regla de Montesquieu se mantiene pese a las tentaciones que asaltan a uno de los poderes del Estado para avasallar al otro. En el camino del respeto a las instituciones, del dura lex sed lex -la ley es dura, pero es la ley-, los dominicanos marchamos a la vanguardia. Ejemplos que abundan Son muchos los ejemplos que atestiguan las enormes ganancias institucionales que hemos obtenido. Como ocurre con muchas otras cosas, una vez afianzado un derecho se olvida cuánto esfuerzo costó, cuántos ciudadanos perecieron en la ruta tormentosa hacia la libertad y de qué manera el sacrificio de unos pocos se convirtió en el beneficio de muchos. Como periodista con 50 años en ejercicio, recuerdo cuando la libertad de prensa era nuestra meta; y los atropellos para acallar el periodismo combativo, una constante. Hoy día, las redes sociales y los medios de comunicación operan con entera libertad y a nadie se persigue por sus ideas. Es más, los excesos son harto evidentes, y qué bueno que sea así. La prensa como artillería de la libertad se cumplió con estruendo ensordecedor en nuestro país. Han pasado los años, y el derecho a la libre expresión del pensamiento y su difusión por cualquier canal se tiene ya como ganancia asentada en los libros de la contabilidad social. Señalo ese derecho porque es el punto de partida de todas las libertades. Un tema crucial de la agenda política en muchos países del mundo, es aquí una realidad a la que apenas se alude. Controlar el internet o censurar los medios sería impensable en esta república que acaba de cumplir 174 años de fundada. Empero, es la rutina en otras geografías, incluso algunas muy cercanas. Avances a la vista La protección a la maternidad acordada por nuestra ley laboral, recientemente modificada para ampliar el descanso posnatal, es superior a la vigente en los Estados Unidos. Un examen a los dictámenes de las cortes laborales revelará que la gran mayoría favorece a los demandantes. Pese a la obsolescencia de algunos de sus apartados, esa ley no ha podido ser modernizada, en gran medida por la oposición de sectores importantes, y no necesariamente de los patronos. Poco a poco, los cambios en el régimen jurídico han apuntalado el estado de derecho. Curioso pero prueba irrefutable de cuánto hemos avanzado, constantemente se escuchan críticas que atribuyen a esos cambios demasiadas garantías a los perseguidos por la justicia. El Poder Judicial, y no el Ejecutivo por vía de sus aparatos represivos, encabeza hoy en día las investigaciones criminales. El “¡tránquenlo!” arbitrario figura ya como estampa de un pasado al que solo unas cuantas mentes calenturientas desean regresar. Y no regresaremos, porque el compromiso con la libertad y los derechos humanos nació aquí para no morir.

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