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07 de mayo del 2021

Opinión

La educación dominicana en tiempo de pandemia

Por Tirso Mejía Ricart. 1 de 2 Hay que mantener todas las opciones abiertas y estar atentos Después de 8 años de que el sector de Danilo Medina aceptó calladamente la tesis de Leonel, de que la cartera de Educación no necesitaba más recursos que el otorgado por él para el año 2012, el entrante […]




Por Tirso Mejía Ricart. 1 de 2 Hay que mantener todas las opciones abiertas y estar atentos Después de 8 años de que el sector de Danilo Medina aceptó calladamente la tesis de Leonel, de que la cartera de Educación no necesitaba más recursos que el otorgado por él para el año 2012, el entrante presidente Medina proclamó a los cuatro vientos la “Revolución Educativa”, al aceptar finalmente la asignación de un 4% del PIB para la educación, el horario extendido para la enseñanza primaria y secundaria; mientras para la salud mandó a rehabilitar 56 hospitales, pero reduciendo su personal y servicios; en agricultura las “visitas sorpresas” que sorprendieron a pocos, y en minería hizo cambiar el contrato con la Barrick Gold para hacer modificaciones intrascendentes que apenas mejoraron la situación para el fisco, ya que quedó intacta la curiosa cláusula de que siendo el estado el dueño de la mina de oro, tiene que aceptar que de los beneficios que se obtienen se debe pagar el préstamo e intereses que contrajo este consorcio, obtenido a través de una sucursal; y con la onza de oro rondando los dos mil dólares en el mercado mundial, que se está bañado literalmente en oro en perjuicio del pueblo dominicano. Ahora, con los nuevos funcionarios encabezados por el presidente Luis Abinader y Roberto Fulcar han anunciado un ambicioso programa encaminado a vencer los inconvenientes de la pandemia que implicará un gran salto hacia adelante en la conectividad virtual que prometen poner a funcionar a partir del próximo dos de noviembre con una modalidad educativa “semipresencial” que ayude a los estudiantes a aprovechar un año escolar recortado, pero sin que se hayan preparado todavía los actores principales de la educación dominicana, funcionarios, técnicos, maestros, padres ni estudiantes para llevar a feliz término esa tarea. ¡Tamaña sorpresa! Para que esta promesa no sea un acto de voluntarismo político no practicable, las autoridades del nuevo Gobierno deben tener en cuenta los recursos humanos disponibles y combinar creativamente las diferentes vías de acción y medios a su alcance y mientras se pone al cielo como objetivo, manteniendo los pies sobre la tierra con firmeza. Es decir, hay que mantener todas las opciones abiertas y estar atento por si hay que hacer cambios en el timón para aterrizar en lo que se puede, porque cualquier falla en los diferentes actores puede dar al traste con ese hermoso plan, no solo por el temor al cambio, sino por la necesidad de hacer esfuerzos continuados para lograr los frutos esperados, por parte de maestros, alumnos y padres.

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