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17 de abril del 2021

Opinión

La expresión como disposición arbitraria del ser humano

Por su necesidad de comunicarse, el ser humano siempre ha estado a la búsqueda de apoyos, tales como los signos del lenguaje y la escritura, destinados esencialmente a la manifestación social del pensamiento. Los que le han permitido ofrecer la ayuda más valiosa al pensamiento mismo. Ahora mucho más con las herramientas tecnológicas que ofrecen […]




Por su necesidad de comunicarse, el ser humano siempre ha estado a la búsqueda de apoyos, tales como los signos del lenguaje y la escritura, destinados esencialmente a la manifestación social del pensamiento. Los que le han permitido ofrecer la ayuda más valiosa al pensamiento mismo. Ahora mucho más con las herramientas tecnológicas que ofrecen los diferentes medios de la comunicación. Pero siempre hay que cuidarse en creer que los signos materiales y las modernidades comunicacionales puedan representarlo, sustituirlo o reemplazarlo. “Las palabras no son puros signos formales como los conceptos. Son capaces de herir al oído antes de hablar al espíritu; y solo significan las ideas evocando primeramente las imágenes sensibles”. Constituyen por lo tanto una materia que tiene su propio régimen, sus resonancias y sus asociaciones propias. Y no se hace buen uso de ellas a menos que, mediante un esfuerzo constante, puedan dominarse. Como el lenguaje tiene por objeto conducir a aquel que oye a formarse dentro de sí las mismas ideas que tiene en el espíritu aquel que habla, este último solo tendrá éxito en su obra cuando forme y renueve su espíritu. Partiendo de imágenes que le proporcionen a sus palabras, esas mismas ideas que invita al espíritu de otros a formar dentro de sí. El hombre es un animal “naturalmente sociable” o “político”, o sea, hecho para vivir en sociedad. Capaz de razonar y de entender que no puede progresar convenientemente en la obra de la razón si no se vale de la ayuda y de la enseñanza del prójimo. No le basta que sea apto para adquirir el conocimiento de las cosas; le es necesario poder expresar esos conocimientos hacia el exterior, comunicarlo. De ahí nace el conjunto de signos convencionales que se ha llamado lenguaje y por medio del cual los hombres son capaces de comunicar su pensamiento. Cuando el hombre pretende manifestar por medio de sus palabras lo que piensa de las cosas, sus palabras pueden manifestar y significar lo verdadero y lo falso. Porque son las concepciones de su espíritu, donde hay verdad o falsedad. “Las palabras o términos son los signos de las ideas o conceptos, y las ideas o conceptos son los signos de las cosas”. Si el hombre se sirve de palabras para expresar los conceptos del espíritu, es lo natural, y se deriva de las facultades e inclinaciones propias de su esencia. Pero que tales palabras o términos signifiquen tales conceptos, no vienen de la institución de la naturaleza, sino más bien de una disposición arbitraria del ser humano. El arte de la expresión oral consiste en disponer, gracias a las palabras, lo que evidencie exactamente la idea. Lo que no es necesariamente fácil. A este respecto, algunos expertos han señalado: “las imágenes más chocantes e imprevistas de los poetas tienen quizá por origen las dificultades que el hombre experimenta cuando quiere decirse y hacerse ver a sí mismo, aun las cosas más comunes, con la ayuda de la imaginería del lenguaje, dificultades que lo obligan a renovar esta imaginería”. Por Teófilo Quico Tabar.

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