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23 de abril del 2021

Opinión

La fuerza del amor filial

Alfredo Freites. El sábado  deja el grupo para marcharse apresurado. Él cumplirá con una cita fija. Esa mujer que ama lo hace abandonar a los amigos. Se pone bonito para su encuentro con ella. Él ya es hombre de la segunda edad pero se marcha jubiloso porque  la verá. Habla de Ella con pasión y […]




Alfredo Freites.
El sábado  deja el grupo para marcharse apresurado. Él cumplirá con una cita fija. Esa mujer que ama lo hace abandonar a los amigos. Se pone bonito para su encuentro con ella. Él ya es hombre de la segunda edad pero se marcha jubiloso porque  la verá. Habla de Ella con pasión y amor. Recuerda los momentos más importantes de su vida donde Ella brilla como gema en anillo matrimonial. Mi amigo no se siente triste porque aunque él le toma la mano con amor, Ella lo mira con  mirada perdida. Aunque con palabras Ella es indiferente a la ternura que le profesan,  no se abate porque su afecto crece con el tiempo. Una que otra vez una lágrima furtiva se le escapa. Le duele esa indiferencia que sigue dañando las relaciones entre ellos. Ayer  Domingo Pichardo  se anexó  un día más a sus visitas. El resultado fue el mismo. Ni siquiera porque era Día de las Madres el mal del Alzhéimer le dio respiro. Mi amigo no ceja. Él es médico y sabe que no hay retroceso, pero su amor es más grande que la enfermedad. Aunque ella en su mente atribulada lo confunda con un hermano ya muerto, él sigue enamorado de esa madre que le dio la vida y todo lo que entraña. Es profesional afamado, por Ella. Es padre y abuelo, por Ella. Todo se lo debe a su origen. Con Ella mi amigo cumple el cierre del círculo. Cuando era bebé desconocía quién era esa persona. Se apegaba a esa mujer buscando su calor y protección. Ella le daba amor aunque sabía que la criatura no la conocía. Ese bebé de antes ya tiene manos grandes y rudas; toma las frágiles de su madre que se crispan fugazmente cuando roza las arrugas que el tiempo dejó como firma. Está Él frente al pasado con un amor desbordado porque es Día de las Madres. Aunque ella no lo sepa, él la ama. Cada sábado está puntual en esa cita. A ella la ponen bonita, pero es indiferente a ese requiebro filial. Su mente va retrocediendo y llegará al punto en que todo será completamente olvidado. Para su hijo, que es él, y son muchos con madres de mentes abatidas, el futuro es aterrador pero el amor vence lo inexorable. Este Día de las Madres el borrador de la mente fue vencido con  lágrimas de amor.

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